Quienes son demasiado grandes para las cosas pequeñas más adelante descubren que son demasiado pequeños para las grandes cosas. (Thomas Cleary/El arte de la estrategia).
Los tiempos en que ciertas estrategias elaboradas y bien mercadeadas en oficinas de programas televisivos surtían efectos en el televidente pasaron a la historia.
El televidente de hoy es más astuto que el de ayer y analiza muy bien las propuestas que se le transmiten a través de esa cajita mágica que es la televisión.
Luego del apreciable invento del control remoto es más fácil, cómodo y rápido cambiar de una estación a otra.
Hace unos años la competencia librada en horarios prime time obligaba a productores y conductores de programas a utilizar todas las armas a su alcance para aplastar al contrario.
En ese tenor se inventaban conflictos, rivalidades, enfrentamientos y enemistades entre ciertas figuras del medio para llamar la atención del televidente.
Detrás había un equipo de estrategas cocinando las historias, muchas de las cuales se convertían en caldo de cultivo para mantener a la figura y al programa en la palestra, con lo que se agenciaban un buen rating. Los tiempos cambiaron y el público comenzó a darse cuenta de que lo estaban usando como conejillo de India.
Otra historia
Hoy, la historia es otra. El público ya no sé cree tan fácil los bultos de antaño. Por eso se hace más difícil colocar una producción en el gusto de la gente fantanseando con historias de conflictos.
Ahora para agenciarse un buen rating hay que echar manos de propuestas originales, atractivas, que enganchen al televidente.
Los bultos en televisión tienen estadísticas fatídicas.
La credibilidad se pierde cuando la gente se da cuenta que se inventó una historia para ganar su atención y por ende, subir los rating.
En los últimos tiempos hemos visto como se llevan a cabo estrategias equivocadas.
Muchos fracasos se deben a la imprevisibilidad del público o a una oferta poco atractiva sustentada en un bulto. El mejor aliado de un programa de televisión es una oferta atractiva que vaya a tono con las necesidades del público en determinada franja horaria. Y de eso saben muy bien los productores criollos.

