Escribir sobre la crónica de espectáculos tiende a convertirse en un arma de difícil manejo, cuando la sensibilidad y el egocentrismo de muchos puede echar mano de la tergiversación para acomodar a su antojo lo que podamos escribir o comentar.
Y lo hacemos so pena de ser condenados, aunque a estas alturas uno ha perdido la capacidad de sorprenderse por las cosas que se digan o hagan con relación a la opinión que podamos tener.
Es mucho lo que hemos visto, escuchado y guardado con relación a gente que predica una cosa y practica otra.
En los últimos tiempos se ha destapado una camada de cronistas-vedettos cuyas acciones viven totalmente divorciadas de la realidad.
Actúan y duermen en una burbuja fantasiosa, un espacio donde solo ellos se sienten artistas.
En realidad son vedettos que se pasean en el medio con un discurso insulso y carente de valor informativo, porque lo que buscan con el mismo es lucirse y demostrar que tienen conocimiento del tema tratado.
Sinembargo, quien tiene dos dedos de frente se da cuenta de que son dueños de tres términos, aprendidos a la cañona en el infaltable diccionario Larousse.
Sin ellos son soldados desarmados.
Y eso va en detrimento de una crónica de espectáculos desdeñada y combatida con epítetos nada alagueños para quienes consideran esta rama del periodismo vanal e intrascendente.
¿Cómo no?
LA FOTO
Goldfish Bar
Fue inaugurado el Goldfish Bar and Disc, un acogedor lugar ubicado en la Autopista de San Isidro no.3, Plaza Mónaco. Es propiedad del periodista José Luis Díaz y del ingeniero Huáscar Concepción.

