A pesar del friíto navideño se levantó igual que siempre, a las 6:00 de la mañana. Su madre se sorprendió al verlo, porque era sábado, no había escuela y era el día preferido de su pequeño hijo porque le permitía permanecer más tiempo debajo de la sábana. La abrazó y ella le acarició el enrolado pelo, mientras le pasaba un jarrito con café acompañado de un pan. El invierno en Constanza es implacable, por lo que el calor desprendido por el fogón resultaba paradisíaco. Ella lo miró con ojos inquisidores, mientras él la miraba dispuesto a preguntar. – ¿Por qué tan temprano? Preguntó ella.
– Soñé que preguntaba algo a un cura, luego a una pastora, y después a Julio el pollero. Los dos primeros me confundieron y desperté antes de tiempo.
– ¿Qué pregunta es esa?
– ¿Por qué nació el Niño Jesús en Belén y no aquí?
La madre se quedó mirando aquel rostro de nueve años de edad y preguntó: ¿Qué te confundió?
– El discurso del cura y la pastora me pareció salido de una novela. En cambio el de Julio el pollero me parece más real.
– ¿Cuál fue su respuesta?
– El Niño Jesús nació en Belén y no aquí, porque aquel era el pueblo más humilde que existía entonces y todavía. Dios sabía que aquí ese don se iría perdiendo con el tiempo. Qué grande es Dios.
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