Medio envenenado
«La razón se compone de verdades que hay que decir y verdades que hay que callar». (Conde de Rivarol).
Gran parte de la vitalidad de una amistad reside en el respeto de las diferencias, no sólo en el disfrute de las semejanzas. (James Fredericks).
Una gran frase de Marco Tulio Cicerón, escritor, político y orador romano decía que cuando mejor es uno, tanto más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros.
En el medio artístico, como en la política, hay cosas que se ven y otras que no se ven.
Y traigo a colocación la frase de Marco Tulio pensando en el comportamiento de algunos artistas cuya formación los hace vulnerables y proclives a los ataques despiadados de quienes se consideran sus competencias.
En los corrillos faranduleros, donde la difamación y los rumores corren como reguero de pólvora, las cosas que no se ven son más peligrosas que las que se ven, pero siempre llegan a los oídos de quienes sobrevivimos a este complicado medio.
Existen unos elementos con un master en difamación tal que entrarían en competencia con profesionales brillantes surgidos de las mejores universidades del mundo.
Viven las 24 horas del día pendientes de los movimientos de fulanito para tener con qué entretener sus enfermizas mentes en detrimento de los demás.
Sus cañones siempre están enfilados hacia quienes trabajan y solo tiene tiempo para seguir adelante con sus carreras.
Hay managers, promotores y uno que otro relacionista público que se embarcan en el peligroso jueguito de la difamación cuando ese artista, a través de su trabajo, supera con creces a sus protegidos.
Esa afrenta motiva toda suerte de inventos contra el que sólo está pendiente a su carrera, contra el que solo vive para hacer un trabajo que lo catapulte. Pero la maldad y una demoníaca envidia por el éxito del otro, no da cabida a más nada que no sea lanzar sus dardos envenenados en el menor descuido. Gente recelosa que si por equivocación, en un arranque de ira consigue morderse la lengua, moriría anestesiada por su letal veneno.

