La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente. François Mauriac (1905-1970) Escritor francés.
Mi padre, fallecido en 1980, era un ferviente admirador del talento, del humor y la bonomía de Freddy Beras Goico.
Alfredo Aybar Muñoz (Freddy), a quien recuerdo llorando de la risa que le provocaban los personajes de este humorista y productor de televisión, me inculcó esa admiración por el gran dominicano al que luego aprendí a respetar, querer y admirar a través de programas como El Gordo de la Semana, El Show del Mediodía, Punto Final, Todos Juntos, Con Freddy & Milagros y Con Freddy & Punto.
Años después, con nuestra incursión en el periodimo de espectáculos, conocimos a esa figura mágica de la televisión que se hizo tan familiar a través de la pantalla chica con su incitación a la risa y al llanto.
De Freddy recibimos muchos consejos a través de esos encuentros profesionales que terminaban en el café que nunca faltaba en su oficina. Allí aparecía el ser humano que siempre tenía una recomendación puntual para un mejor accionar en un medio tan difícil como éste.
Porque Freddy fue así. Su oficina siempre abierta para todo aquel que necesitara una ayuda, un consejo, una mano amiga de un hombre que supo colocarse por encima de la fama y la parafernalia propia de la popularidad para mantenerse humilde, como sus orígenes y como su accionar en los más de 50 años en los medios de comunicación.
El semblante del país cambió desde la madrugada de ayer, el vacío por su partida se siente, y en cada rostro del dominicano humilde se refleja el dolor de su partida.
No nos queda más que volver a reiterarte las gracias por toda la alegría que esparciste a una nación que se ríe de su penas y llora sus alegrías.
Hoy más que un adiós queremos decirte ¡hasta luego querido Gordo!

