Vedettes de la política
Desde pequeño me llamó la atención la tan usada frase verguenza contra dinero y desde el primer día que la escuché no pude evitar la búsqueda de información para su descodificación.
Cuando recibí respuesta convincente de su significado desde entonces se me hace más fácil colocar esta etíqueta en distintos momentos de la vida política, a gente que se cree que todavía quedan muchos votantes pendejos.
Me perdonan si no tomo este espacio de hoy para continuar con el caso Martha Heredia, o que, aunque le duela a muchos jorocones del negocio, sólo tres orquestas están tocando de verdad en estas navidades, o que, perdónenme de nuevo, la mayoría de las fiestas se están cayendo por falta de público, o sencillamente, que la programación de la televisión criolla debe mejorar. Quiero desahogarme y sé que me convertiré en el eco de muchos que se averguenzan de que hoy, como ayer, algunos políticos repitan el mismo espectáculo de cada dos años electorales, un show de vedetismo con una puesta en escena de la más baja calidad.
Usted perdió
El vedetismo político es más burdo hoy que ayer. Es más nauseabundo hoy que ayer.
Decía El Caballo, Johnny Ventura, en su época de productor de televisión y conductor del exitoso festival de la voz Cuánto vale el show, usted perdió, usted perdió, perdió, perdió, a quienes la suerte no les sonreía con el favor del voto del jurado. En las extrañas convenciones celebradas recientemente por los partidos políticos dominicanos, a muchos que se creían tener la sartén por el mango, y el mango también, sus compañeros y compañetriotas se vieron en la necesidad de cantarle el mencionado corito. Que se sepa que esto ha ocurrido en todos los partidos políticos. Unos lavan sus trapitos dentro de la casa, y otros, los lavan en la calle, donde las chismosas de patio se convierten en bocinas de sus lamentos.
De supuestos líderes se han convertido en vedettes de cabareses de mala muerte, luciendo bikinis tan diminutos que desde lejos se le ven sus reales intenciones. Y desde las gradas, todos nosotros, los que cada dos años nos convertimos en númeritos para satisfacción de quienes aspiran a sacrificarse por la patria, debemos coger la seña y no dejarnos usar por estos mercaderes de la política criolla.

