OSLO. AFP. «Hubo un enorme rugido», explicó el martes ante el tribunal de Oslo un vigilante al describir la explosión de la bomba de Anders Behring Breivik que mató a ocho personas y dejó decenas de heridos el año pasado cerca de la sede del gobierno noruego.
Tor Inge Kristoffersen, agente de seguridad en el barrio de los ministerios, explicó cómo vio una camioneta blanca aparcar a los pies de la torre que alberga las oficinas del primer ministro el 22 de julio de 2011 e inició las verificaciones habituales con la ayuda de cámaras de vigilancia.
«Cuando hice un zoom sobre la placa de matriculación, el coche explotó», señaló Kristoffersen, quien se encontraba entonces en el centro de operaciones que se encuentra en el sótano del edificio. «La mitad de las imágenes desaparecieron de nuestras pantallas porque las cámaras fueron destruidas en la explosión».
«Hubo un enorme rugido (…) el techo encima de nuestras cabezas empezó a moverse como una ola, como si fuera agua», dijo.
Antiguo militar, el vigilante siguió trabajando en el barrio de los ministerios después del atento y comparó el lugar en «una zona de guerra».
En las semanas que siguieron los ataques, hubo críticas al hecho de que se puede estacionar un vehículo a los pies mismos del centro neurálgico de las autoridades.

