No hay que doblar la campana para anunciar que la Justicia ha muerto. Si algo faltaba para certificar su defunción era el tiro de gracia que le acaba de propinar la Cámara Contenciosa de la Junta Central Electoral (JCE) con el evidente despojo de la senaduría por Pedernales al Partido Revolucionario Dominicano (PRD). El hermetismo de los grupos fácticos legitima un atentado que rebaja el ejercicio del sufragio a una mera caricatura democrática. Tras encontrar serias irregularidades e incongruencias en las actas del colegio 009, de Oviedo, Pedernales, los jueces ordenaron una revisión. Es posible que el recuento hubiera confirmado la victoria sin ningunda duda del candidato a senador del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).Pero la actitud de los jueces Mariano Rodríguez, Leyda Piña y John Guiliani fue lo triste y desconcertante al retractarse de la decisión luego de un recurso elevado por el PLD. Con la bochornosa sumisión, que luego ratificaron, desapareció el último hálito de confianza en las votaciones como instrumento para validar el ejercicio del poder. En el proceso, para colmo, se reeditaron todas las lacras del pasado. La voluntad popular no sólo ha sido manipulada, sino vulnerada. Como jamás ha guardado las apariencias, no extraña que el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez considere que lo ocurrido en las votaciones fue una cosa sencilla para cuestionar que la Cámara Contenciosa pierda su tiempo analizando quejas en lugar de proclamar de una vez a los vencedores. Una actitud muy propia de alguien que jamás ha creído en el derecho ni en la justicia. Aún así, es posible que el arzobispo de Santo Domingo ignore que después que se había proclamado como ganador al candidato a senador del PRD en Pedernales, tras contarse el 100 por ciento de los votos, se procedió a unarevisión, sin la presencia de delegados de la oposición, que cambió los resultados.

