Hina tenía 20 años. Su padre Mohammed Saleen decidió asesinarla para salvar el honor de la familia. Hina vivía en la ciudad de Brescia en el norte de Italia e intentó hacer aquello que dice donde fueres, haz lo que vieres. Así, Hina se transformó en una joven rebelde no aceptando su matrimonio con el hombre impuesto por su familia para ser su esposo, vistiendo al estilo occidental, fumaba y vivía con su novio italiano.
Asesinada por su padre y con el apoyo de la familia, Hina fue enterrada en el jardín de la casa familiar. Una vuelta a casa como cadáver. Saleen que cumple una condena de 30 años dice que Hina traicionó sus raíces, su cultura y era una amenaza a su orgullo, a su dignidad y a su reputación dentro de la comunidad paquistaní.
Para algunos, eso es asunto cultural, como lo expresa Saleen, para otros, cuando los asesinatos ocurren en países no musulmanes, es el fracaso del multiculturalismo.
Para los que entienden que toda cultura, idea, religión forma de vida, costumbres son iguales y defendibles y por tanto no existen unas mejores o peores que otras, el asesinato por el honor de la familia constituye un valor cultural propio de una sociedad diferente por lo que requiere de la tolerancia (¿aceptación?) de la sociedad occidental. Se supone que el mundo de la posmodernidad ha dejado atrás los modelos cerrados y ha abierto el camino a la tolerancia y a la diversidad.
Para los que entienden que esos valores culturales son incompatibles con la libertad, usualmente son tildados de fascismo y de ultra derechismo.
Al parecer, Ángela Merkel destapó la polémica al decir en una reunión de su partido que la idea del multiculturalismo, como la simple convivencia pacífica de personas, no estaba funcionando en Alemania. David Cameron en el Reino Unido ha anunciado que se implantará la exigencia de aceptación de un código de conducta y el respeto a un sistema de principios. En Francia, Nicolás Sarkozy advierte que Francia no aceptará ninguna imposición musulmana en su sociedad. Quienes vengan han de integrarse, disolverse en la sociedad nacional y quien no esté dispuesto a ello debe evitar venir. En nuestras democracias nos hemos ocupado demasiado de la identidad del que llegaba y no bastante de la identidad del país que recibía»,
¿Tolerancia o rechazo?

