Cuando un pueblo decide tomar las calles es porque se ha cansado de que abusen de él; es porque ya está harto de promesas y de mentiras, es porque ha tomado conciencia de su poder para hacerse respetar. Tomar las calles no significa ser carne de cañón de nadie en particular.
Los dirigentes de los partidos, altamente desacreditados en su mayoría, no creen en la gente más que para acudan a las urnas cada cuatro años donde, a través del paternalismo y el clientelismo, logran comprar su voluntad, legitimando así su permanencia en los cargos públicos para continuar disponiendo del dinero del Estado, que es dinero del pueblo pobre y explotado.
La corrupción ha sido motivo de lucha desde siempre; desde antes de surgir el Imperio Romano. Sodoma y Gomorra es la historia del desenfreno moral, de la desaparición de los valores sociales. Por eso su destrucción. Nada dura siempre, solo el llanto, decía el poeta.
Los niveles de corrupción en nuestro país superan los de Brasil, donde millones de personas han tomado las calles para exigir que los ladrones terminen en la cárcel, independientemente de que su presidenta ha sometido a la justicia a muchos de sus compañeros de partido. ¡No más burlas al pueblo!
En España la gente ha tomado las calles y el gobierno del Partido Popular se tambalea empujado por las fuerzas opositoras encabezadas por el Partido Socialista Obrero Español. En muchos otros países la gente se empodera poniendo y quitando gobiernos. Los indignados crecen como la verdolaga.
Han sido las masas, empoderadas de su fuerza, conscientes de su situación material y espiritual, las que han producido las revoluciones y los cambios sociales en todo el mundo. Fueron los esclavos quienes terminaron con el esclavitud. Fueron los campesinos quienes lucharon contra el feudalismo. Y han sido los obreros y los campesinos, unidos a los demás sectores productivos, quienes han enfrentado por siglos, al capitalismo que ahora la iglesia llama salvaje.
En nuestro país la corrupción no tiene límites ni fronteras. En una ocasión el presidente Balaguer dijo que la corrupción se detenía en la puerta de su despacho. Hace años que la corrupción parece no detenerse en la puerta de ningún despacho. Ese mismo Balaguer dijo luego que descubría un corrupto todos los días, pero no lo enviaba a la justicia.
