Opinión

Tony Capellán

<P>Tony Capellán</P>

¿Quién le iba a decir a Walt Disney, cuando en 1941 inventó el personaje Dumbo, un pequeño elefante con orejas enormes que le servían para volar y que fue deleite de nuestra infancia, que hoy ese nombre representa a una barra frente al parque Independencia, cuyos dueños están empeñados en desalojar a una de nuestras glorias nacionales del arte?

Es el caso de la casa donde habita Tony Capellán, en cuya planta baja hay una barra que se llama Dumbo, cuyos dueños están empeñados en acaparar el edificio, sin respetar los derechos que por ley tiene la familia Capellán, de ser los primeros a quienes se les ofertara la propiedad, porque tienen más de cuarenta años habitando el inmueble.

Si ustedes, queridos lectores, no saben quien es Tony, les informo que es un mago que ha podido convertir en arte los desechos de nuestros naufragios.  Sus instalaciones sobre lo que cuentan las chancletas que vomita el mar, el plástico con que asesinamos la vida marina, las roídas camisetas de niños y niñas que deambulan por sus playas, de la niñez que habita en las cuevas, les han ganado extraordinaria reputación como artista, un gran premio de la Unesco y múltiples galardones en bienales nacionales e internacionales.

En el 2007, la familia Álvarez, propietarios hasta ese momento del edificio, decide venderlo a los dueños de la Cafetería Dumbo, que opera en la primera planta, violentando un acuerdo con Tony, para venderle a su familia la segunda planta, y es cuando Fulgencio Batista resucita y se comienza a manifestar la peor cara del exilio cubano.

A Tony se le ha iniciado un proceso criminal por utilizar la azotea como taller, el cual construyó mucho antes de que los actuales dueños compraran el edificio, y dos procesos simultáneos en cortes civiles, en violación a la ley.  Ignorando con quién trataba, un fiscalillo de San Carlos irrumpió en su casa, tiró todo al piso y amenazó con embargarlo esa misma tarde.  En la Fiscalía de San Carlos, a la familia le informaron que el sujeto tenía fama de terrorista judicial y que ellos nada podían hacer para controlarlo, quedando claro que lo que estaba detrás de su comportamiento  no era su pasión por el cumplimiento de la ley.

Mientras, los y las artistas de esta ciudad hemos decidido convocar a un boicot a la barra Dumbo, porque si la ley no nos defiende de los abusos, por lo menos nuestra resistencia como consumidores y consumidoras, según nos enseñó Altagracita Paulino, quizás pueda obrar el milagro de que Dumbo vuelva a ser un elefante que nos transporta en sus orejas a mundos donde reina la belleza,  que Tony  rescata y recrea del horror cotidiano.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación