Cambrai, Francia, EFE.- El rostro afilado de Tony Martin se redondeó con una sonrisa cuando cruzó la línea de meta destacado, con ventaja suficiente como para enfundarse el amarillo que le había escapado en las tres etapas anteriores.
Desde la presentación del recorrido, cuando vio que el Tour comenzaba con una crono de 13,8 kilómetros, el ciclista de Brandemburgo se había marcado como meta enfundarse por vez primera en su carrera el maillot amarillo de líder.
Lo que no sospechaba el ciclista del Etixx es que le iba a costar tanto, ni que lo haría en la etapa de los adoquines, la más larga de la edición.
El alemán sumó su quinto triunfo en la ronda gala, el segundo que no es contrarreloj, su auténtica especialidad.
El año pasado ganó en una etapa de montaña en Los Vosgos, tras atravesar seis puertos y estar fugado 155 kilómetros, 65 en solitario.
A su abanico de victorias sumó este martes otra modalidad, la victoria oportunista, sorprendiendo a los «sprinters» con un ataque a pocos kilómetros de la meta. Un éxito que venía acompañado del maillot amarillo.
Martin, «el tanque», había pasado en las tres primeras etapas rozando el liderato de la prueba. A la cuarta puso toda la carne en el asador para no dejarlo escapar.
UN APUNTE
Ansiaba el maillot
«Ha sido duro ver como se me escapaba el maillot amarillo. Quería lograrlo el primer día y estaba muy contrariado porque no lo tuve. Luego se me ha ido escapando. Al final lo he logrado», dijo.

