Piedad Pichardo de Luna
Ejerciendo en Santiago, conocí a través de mi compañero de andanzas doctor Oscar Gobaira, a un matrimonio, al que estimé y con el pasar de los años le demostré gratitud y afecto.
Se trata de la distinguida y culta pareja y más que todo deportistas reales, don Luis Luna y doña Piedad Pichardo.
Ambos farmacéuticos, quienes precisamente tenían una botica en la calle 30 de Marzo, frente a las oficinas del periódico El Nacional, donde laboré muchos años e hice costumbre de visitarlos al entrar y al salir de la redacción provincial.
Don Luis murió en el 2009 y doña Piedad pereció el lunes de la semana pasada, enlutando al deporte nacional, pues fue ella una extraordinaria jugadora de baloncesto, pionera de esa disciplina en el país, en la rama femenina.
Se inició en el año 1937 jugando en el Liceo México, cerca de su residencia en Santiago. En la década de los 40, Piedad fue figura principal del baloncesto dominicano y además era la capitana del Club Atlético Cibao.
Oscar Gobaira me decía, y doña Piedad parecía confirmarlo con una prudente sonrisa, que “estamos frente a la mejor jugadora de baloncesto de los países del área y luego ante la más caritativa promotora de ese deporte”.
Doña Piedad, por sus méritos, fue exaltada al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, en el ceremonial del año l991, donde tuve la honra de acompañar a la familia Luna Pichardo, la cual está ligada a la mía, pues una de sus sobrinas (Verónica), casó con mi hijo Héctor Federico.
Aunque se trata de una reseña triste, es gratificante resaltar el cariño especial que tuve a ese matrimonio y los eternos agradecimientos que llevo.
Paz a los restos de doña Piedad y lo mismo para los del carismático y desinteresado don Luis Luna, de quien también inmortalizó su valor y talentos.
¡A jugar béisbol!
Dentro de un par de días arranca el béisbol profesional de invierno, torneo que viene con innovaciones, las cuales, dejo entre “comillas”, pero que deseo mirarlas hechas realidad.
Se trata de la prohibición de fumar en los estadios, donde se ubicaron áreas específicas y de las repeticiones de las jugadas. !Por tratarse de este país, hasta pruebas en contrario, le temo a su aplicación irrevocable!
De todas maneras, a jugar béisbol y sin más preámbulos, ¡al Águila voy!
Por: Héctor García hectorgarciasr@gmail.com

