Durante años el país dominicano ha cargado con la tragedia cotidiana de Haití. Durante años, y específicamente el presidente Leonel Fernández, en cada oportunidad de su discurso ante la comunidad global, ha casi suplicado la participación en la construcción y en la ayuda al país haitiano por la carga que ha significado y significa para éste lado de la isla.
Durante años el país dominicano ha sido acusado de esclavista, de maltrato, de explotación a los haitianos residentes.
Durante años los haitianos han venido al país dominicano en busca de su sustento.
Durante años el sistema político haitiano ha sido la historia de las dictaduras, los golpes, los contra golpes y de la repartición de la finca de sus gobernantes.
Durante años Haití ha sido y sigue siendo la cenicienta de Ibero América.
Nadie ha hecho caso.
Sólo los dominicanos han sido capaces de asumir la inmigración haitiana en la medida de las posibilidades que un país subdesarrollado puede cargar con la emigración de otro país subdesarrollado. Para algunos, se calcula que la población haitiana residente en Dominicana es de un millón.
Hoy, la sociedad dominicana muestra una vez más la solidaridad con el país haitiano. Con su visita a Haití para poner en ejecución un plan de ayuda a mitigar la tragedia, el presidente Leonel Fernández pone a disposición las instituciones gubernamentales al servicio de los nacionales haitianos.
Hoy, una vez más, la sociedad dominicana expresada en iglesias, empresas, organizaciones no gubernamentales y de sus ciudadanos muestra su solidaridad con la nación de Haití.
Hoy la comunidad internacional reacciona ante la tragedia y vuelca su ayuda tanto de gobiernos como de los ciudadanos.
Y, por supuesto, la interrogante aflora.
¿Qué hacer con la tragedia cotidiana de Haití?

