Opinión

Trajes delatores

Trajes delatores

Unos trajecitos, que, por lo visto, no resultaron a la medida de sus beneficiarios, desataron un escándalo mayúsculo de corrupción política en España, el cual, visto desde República Dominicana, lo que da es risa. La tormenta, que vincula al Partido Popular y  bautizado  caso Gürtel, aquí sería una brisita imperceptible. ¡Tanto alboroto por unos trajecitos que un sastre dijo haber regalado al presidente Francisco Camps y a otros funcionarios de la comunidad valenciana! Era lo menos que podía hacer en agradecimiento a los supuestos contratos irregulares con que el modisto era beneficiado. A un sector de la prensa la práctica le olió a cohecho y no soltó el caso, que lleva tiempo debatiéndose, hasta conseguir que el Tribunal Supremo se pronunciara al respecto. El tiempo sacó a relucir que los trajecitos no eran más que la punta de un gran iceberg en cuanto a la adjudicación de contratos irregulares y la utilización de empresas fantasmas en  comunidades controladas por el partido que lidera Mariano Rajoy. Sectores de la Iglesia Católica y otros que no dieron tregua hasta sacar de circulación al juez Baltasar Garzón, bajo el pretexto de que incurrió en prevaricación al tratar de hacer justicia con los crímenes del franquismo, se han mordido la lengua. Es obvio que el pasado no era la brasa que ardía en el estómago de la derecha, sino el temor de que la rectitud de Garzón a favor de la justicia pudiera convertirse en una amenaza para sus intereses políticos y económicos. Para los dominicanos el escándalo  originado en unos trajecitos que no entallaron bien a sus beneficiarios no es más que un chiste que se identifica muy bien con el  temperamento de los españoles. Sin embargo, es posible que por aquí no se entienda la razón por la cual los españoles, que vivieron una guerra civil y sufren una infernal crisis financiera  no quieran agregar la corrupción ni la impunidad a sus grandes males. Saben que sin justicia no hay progreso.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación