Editorial

Trazos de muerte

Trazos de muerte

La tragedia  acaecida  ayer  en la carretera Sánchez, donde el choque entre un minibús y una patana causó la muerte de al menos nueve personas, renueva el interminable lamento por el desamparo policial de las carreteras convertidas por esa causa en  una selva de desorden vial donde los vehículos más grandes se comen a los más pequeños.

El fatal accidente se produjo en el tramo carretero conocido como El Número, perteneciente al municipio de Azua,  escenario frecuente de colisiones con saldos de muertos y heridos, pero aun así  esa zona no es objeto del más mínimo control de tránsito.

Los  fallecidos son seis mujeres, un niño y dos hombres, incluido una madre, su hija y  su nieto, de un grupo de  residentes en Santiago que viajaba en el minibús hacia Bánica de Elías Piña para participar en el novenario de un familiar.

Las carreteras  troncales  se  erigen en verdaderos trazos de muerte que carecen en su mayoría de  señales viales, luces y de  efectiva vigilancia motorizada o de puntos específicos de control  de tránsito dotados de equipos para medir velocidad y nivel de consumo de alcohol entre conductores.

Los accidentes  suelen ocurrir como fatalidades imprevistas, pero nunca deberían  producirse por  falta imputable a la autoridad que no prevé, educa o persigue a conductores imprudentes que ponen en peligro vidas propias y ajenas.

Pendiente está de determinarse  si  la tragedia de Azua se produjo por  alguna violación a las normativas del tránsito, pero el hecho de que   el minibús colisionara a la patana por detrás indica que  hubo imprudencia  en uno de los conductores.

¿Qué tan difícil o costoso puede ser que  en las principales carreteras  del país se  ejecute un programa permanente de patrullaje  en motocicletas y que se instalen puntos de control vial?

¿Por qué se permite que camiones, patanas y autobuses transiten por los carriles expreso y que  automovilistas y motociclistas usen las carreteras como pistas de carreras? Si el desorden no tiene remedio, lo aconsejable sería que los ciudadanos se transporten en carros de asalto o tanques de guerra.

La tragedia de El Número debería despertar conciencia ciudadana sobre la necesidad de respetar  la ley de tránsito y de la obligación de las autoridades de poner punto final al caos en las carreteras.

El Nacional

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