Una tregua política de 90 a 100 es lo que se estila a los gobiernos que inician en República Dominicana. Por prudencia, a un presidente nuevo, se le deja que tome medidas e implemente políticas inherentes a los múltiples problemas sociales y económicos que atraviesa la sociedad dominicana.
Hablo de problemas agravados en los últimos ocho años de gestión de Leonel Fernández, compañero de partido del nuevo jefe de Estado. Pero el hecho de que pertenezca a la misma organización política no implica necesariamente que Medina dará continuidad a tantos despropósitos.
Tenemos los ejemplos de Brasil, Colombia y otros países del área en los que sucesores de presidentes de una misma entidad partidaria han desaprobado la situación heredada e implementado sus propias políticas. Y pocos dudan que Danilo, que no aparenta ser títere, venga con su propio libro.
No resulta fácil, sin embargo, establecer las convicciones de Medina, sobre la problemática nacional, porque se manejó con mucho hermetismo durante todo el período de transición. Solo el tiempo permitirá determinar si es más de lo mismo o en cambio hará lo que nunca se ha hecho, tal y como prometió en la campaña electoral.
Se sabe que el nuevo mandatario hereda un Estado quebrado y con grandes deudas, pero no le corresponde a la población pagar las consecuencias, lo que procede es buscar a los responsables y hacerlo devolver el dinero del erario. Es fácil localizar esos recursos.
Es una situación que con voluntad se puede solucionar, pero se añade uno de carácter institucional y muchos esperamos lo que haría Danilo, desde el Consejo Nacional de la Magistratura, respecto a los órganos electorales y otras cortes que dañan el sistema democrático dominicano.
Hay grandes expectativas en torno a la gestión del licenciado Medina. Y posiblemente presión y demanda a un gobierno que, en principio, podría estar atado de manos, por lo que las circunstancias aconsejan a la oposición a exhibir la mayor sensatez y otorgar la tregua política correspondiente.

