En los últimos meses, San Cristóbal ha sido estremecida por tristes despedidas de valiosos ciudadanos, acreedores de que calles y centros educativos lleven sus nombres.
Manuel de Regla Castillo (Peco), pionero junto a Jesús Ramírez y Wiki Ng, en la instalación de estudios fotográficos. Sirvió a San Cristóbal y al país durante 61 años, casado con mi adorada comadre Ramona, hoy viuda Castillo, y fue el único fotógrafo a quien se le permitió cubrir las exequias en la iglesia central, a raíz de la muerte del ex generalísimo Rafael Leonidas Trujillo.
Mi siempre compadre Peco, al tirar una de las fotos se explotó un bombillo, sonando como un tiro, y gran parte de los presentes se lanzaran al suelo, pero Castillo continuó su trabajo sin inmutarse.
Anteriormente había contraído matrimonio con mi también queridísima familia Ramona Nina Andujar, dejando varios hijos, Rafael, Franklin, Nelson y con nuestra gran comadre Ramona, quien lo acompañó hasta la muerte, sus hijas espirituales Mary y Delia.
El destacado empresario, ingeniero Adalberto Liriano, se marchó a destiempo, dejando huellas positivas. Fue fundador de la compañía de comestibles Pollo Rey, graduado con honores del Instituto Politécnico Loyola y había laborado en la fábrica La Armería. Hombre de marcada honradez, ferviente religiosidad, colaborador de obras sociales. Deja un legado de moralidad.
Pura Concepción Nina (Concha), una de los robles morales de la familia Nina, siempre bella, el Señor la llamó en verano, dejando acciones de humanismo, consagración, decor o, laboriosidad y una trayectoria que a todos los Nina nos enorgullece, casada con Ramón Cuevas, hombre de esfuerzo, habiendo procreado a sus destacados hijos Ramona, Luz, Miriam, Moisés y Elisa. Concha, fue estrella con luz propia.
Blanco Mañaná, maestro constructor de la herrería, quien desarrolla una destacada carrera, conocido también por su laboriosidad y sentido de la colaboración social. Fue hijo de dos columnas de la dignidad: Manuel de Jesús Mañaná y María Altagracia Urbáez. Deja como herencia el valor y lealtad. Entre sus familiares se destaca mi entrañable comadre, la doctora Fátima Mañaná, ejemplo de solidaridad.
El licenciado Guaroa Díaz, perteneció a una familia de profesionales y ciudadanos de primer orden, amó y cultivó las cosas positivas. Admirado y respetado, al morir deja el legado del deber que enarbolaban su existencia y la estampa de su nombre.
Ingeniero Sartorio Pérez, estandarte de la ingeniería, siendo de los primeros profesionales graduados de esta rama en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, nativo de San Cristóbal. Ciudadano de excepcionales condiciones morales, laboriosidad, apacible, pero firme, hermano de mi inolvidable profesora Altagracia Pérez de Domenech (Tatita), quien mucho me ayudó en los difíciles años de estudiante. Mi sentido pésame a toda su familia.
Antonio Torres, profesor, mecánico industrial, trabajador incansable, artista de la pintura popular dedicado a su familia, que enorgullece a San Cristóbal, destacándose su hijo, el brillante abogado Franklin Torres. Era hermano de mi queridísimo amigo Jacinto Peña González, residente en Estados Unidos. Nos unimos en su pesar, junto a los allegados de don Antonio.
