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Tropelías haitianas

Tropelías haitianas

Hugo A. Ysalguez

La dirección de Migración de nuestro país no tiene recursos económicos para iniciar un proceso deportación masiva de haitianos ilegales, y las expatriaciones serán hechas paulatinamente, porque el organismo apenas tiene tres autobuses dejados por la administración anterior y un exiguo presupuesto que no alcanza para enfrentar la peligrosa inmigración ilegal, un dilema que no tiene fin ni una salida pronta y eficaz.

Y los haitianos siguen cometiendo tropelías de todas índoles, mientras seguimos de brazos cruzados, contemplado un panorama siniestro para el futuro de la Patria, que hoy más que nunca necesita de la buena voluntad de sus hombres para proteger la soberanía nacional, creando una actitud de cero tolerancia a los desmanes de los indocumentados.

Es penoso que los cónsules dominicanos en Haití, se dediquen a vender visas a los haitianos para viajar al país, y luego quedarse en tránsito de manera ilegal, engrosando la alta población de habitantes del vecinos país, una problemática que se ha convertido en insostenible, pues la República Dominicana no soporta ni un ápice, el crecimiento de una invasión pacífica que ya tiene ribetes de agresividad.

Es un cuadro lastimoso que se observa diariamente en los alrededores del hospital Nuestra Señora de la Altagracia, donde decenas de haitianas parturientas, duermen en el pavimento esperado un turno para dar a luz a su criatura concebida en Haití y venir aquí para que el gobierno tenga que costear los gastos de su alumbramiento, en desmedro de la asignación económica destinada a darle servicios de salud a nuestros nacionales.

Las estadísticas indican que los partos han aumentado a un 66 por ciento.

Y para agravar este desconsolador cuadro, bandas de haitianos enardecidos, se apoderan de la línea limítrofe en la frontera en Dajabón, impidiendo el mercado binacional entre ambas naciones, exhibiendo un salvajismo endémico de Haití, al lanzar al río Masacre patanas llenas de alimentos que ayudan a mitigar el hambre de un pueblo, que carece de un Estado viable que establezca orden y organización en sus estructuras.

No hay manera de instituir un control migratorio estricto, a pesar de los diez mil militares destacados en la zona y 120 especialistas de inteligencia para eficientizar las labores de protección en la zona fronteriza, toda vez que los haitianos se las ingenian para cruzar en masas al territorio dominicano, una crítica situación que solo se soluciona con la construcción de una gran muralla a todo lo largo de los 391 kilómetros de la frontera, donde no existen los bornes o pirámides que dejaban claramente delimitados la división de ambos países.

Por: Hugo A. Ysalguez

dr.hugoysalguez@hotmail.com

El Nacional

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