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Trujillo: Monarca sin Corona

Trujillo: Monarca sin Corona

Desde que vio la luz la obra “Trujillo: Monarca sin corona”, de la autoría del doctor Euclides Gutiérrez Félix, hemos escuchado opiniones adversas expresadas por la radio en la voz de doctos, periodistas, así como de profesores de historia dominicana de nuestra Universidad Autónoma.

Todo luce indicar que, como de costumbre, esas ideas han sido vertidas por personas que no se han tomado la tarea de leer las 552 páginas que contiene la obra, y que han centrado sus análisis en el simple hecho de que el autor ostentó el cargo de senador de la República durante el último año de la Era, cuando Trujillo pretendió adecentar su dictadura revistiéndola de liberal, llevando a Joaquín Balaguer a la Presidencia y a varios jóvenes al Congreso.

Su ascendencia paterna es examinada con cuidado contando cosas poco conocidas de su abuelo, José Trujillo Monagas. Con relación a las inconductas de Trujillo y sus familiares. El autor repite – al igual que otros biógrafos desde el comienzo de sus análisis- que su padre, José Trujillo Valdez, era un bandido, un ladrón.

En la página 23 refiere que “sus hermanos, que eran temidos por sus travesuras y hurtos” y conocidos como “La Pandilla de Pepito” apodo por el que conocían a su padre. Y en la página 24 señala que Pepito le robó un dinero al presidente Lilis, quien lo había entregado para comprar unas reses.

En la página 30 Euclides señala que “luego de finalizada la guerrita del ferrocarril” Trujillo se había convertido en un aventurero con marcada vocación para el delito. Parrrandero y posiblemente asaltante de caminos. No hay pruebas documentales ni testimoniales de lo que hizo durante esos largos meses que estuvo alejado de su familia y de su pueblo natal y luego justifica esta afirmación señalando que el tomo de la colección “La Era de Trujillo” en el cual don Emilio Rodríguez Demorizi, cronologista de su vida, no aparece lo que hizo de 1913 a 1918.

Destaca en la página 39 que “durante los dos años que permaneció en la región Este, Rafael Leonidas observó una conducta moral censurable. Se vio envuelto en un intento de estupro contra una joven del paraje  Los Llanos, logrando salir liberado de responsabilidades después de las investigaciones realizadas por las autoridades militares, aunque la opinión pública quedó convencida de su inocencia”.

En la página 41 se destaca la forma como Trujillo empezó a hacer fortuna mal habida, relatada por William Burque, australiano quien fuera su amigo, dice que en una ocasión Trujillo allanó una de esas guaridas (donde se jugaba dinero) en Guanábanas.

 Ocurrió un sábado por la noche, cuando, por una extraña coincidencia, el Central Romana pagaba el jornal de la quincena. Muchos de los contratistas que fueron apresados mientras jugaban, llevando consigo grandes sumas de dinero, para pagarles a sus braceros. No se arrestó ni se sometió a nadie, pero se rumoraba que Trujillo “se había levantado 14 mil dólares”. 

Para 1927, cuando Trujillo asumía la jefatura de la Policía Nacional, su amigo Burke le señalaba que en los mentideros capitalinos se decían cosas perjudiciales a su persona; a lo cual Trujillo respondió (páginas 56 y 57) “ya es muy tarde para ellos hacerme cualquier daño. Debieron de haber atacado cuando era un pequeño y mal oliente segundo Teniente. ¡Ahora soy un general con 80 mil dólares en el banco!, una esposa rica y fincas ganaderas. Dejemos que hablen esos pillos”.

Era que Trujillo (pág. 57) cobraba el 10% de todo lo que compraba para la institución que dirigía; y que además tenía fincas con buen ganado vacuno cuya carne y leche vendía a la Policía. Poseía además caballos de buena raza y una flota de automóviles. En las páginas 62 y 63 se insertan cartas dirigidas al presidente Vásquez, por personajes anónimos en las cuales se resalta la fortuna que ya tenía Trujillo, y su participación en conspiraciones para derrocarle. Además de que Trujillo invertía dinero comprando la opinión favorable de periodistas.

En las páginas 72, 73 y 74 se relata la forma taimada como Trujillo se puso en contacto, mediante el periodista Rafael Vidal, con los revolucionarios cibaeños que dirigía Estrella Ureña.

Resalta la escena en la cual en un último esfuerzo de Vásquez por retener el poder, se trasladó a la fortaleza Ozama, en donde Trujillo tenía la comandancia del ejército acuartelada. “General (Pág. 74) preguntó el viejo caudillo – deseo saber si soy su presidente o soy su prisionero. Trujillo lo saludo militarmente y le contestó “Señor, usted es mi presidente. Déme las órdenes que quiera” lo que pasó luego de esto con los coroneles Alfonseca y Simón Díaz, es bien conocido.

Hemos querido hasta aquí demostrar que el doctor Gutiérrez Félix en su obra; ni limpia en nada a Trujillo, si no que por el contrario, resalta sus defectos como corrupto y traidor. En otro artículo intentaremos, a grandes rasgos, abordar otros interesantes aspectos de “Monarca sin Corona”.

El Nacional

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