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Ubi y el doctor  Jiménez Almonte

<P>Ubi y el doctor  Jiménez Almonte</P>

El 6 de septiembre del presente año leí con sorpresa en el prestigioso diario La Información un minucioso artículo sobre el pico Diego de Ocampo y el doctor José de  Jesús Jiménez Almonte.

Lo que más me impresionó fue el fino olfato científico del periodista en cuestión y sus profundos conocimientos históricos. Voy a hacer una sinopsis de cómo se inició la amistad entre ellos y quién es el señor Rivas desde el punto de vista intelectual.

Siendo niños vivíamos en la calle José Trujillo Valdez número 112, hoy Restauración, del lado arriba del Archivo Histórico de Santiago. El 4 de agosto de 1946 ocurrió el terrible terremoto que nos llenó de pánico a todos.

Fue entonces que el doctor Jiménez decidió construir un edificio de concreto armado en un solar de su propiedad situado en el cruce de las calles Máximo Gómez y Benito Monción.

Este amplio hogar se torno en el punto de reunión de los adolescentes del vecindario. Jugábamos ping pong, béisbol con bolitas de papel en el patio; ajedrez, leíamos revistas propias de niños, estudiábamos las lecciones de la escuela, escuchábamos por radio las transmisiones de los juegos de Grandes Ligas en las voces de Buck Canel y Rafael Rubí, etcétera.

Ahí mismo comenzó la amistad, la relación entre Ubi y el doctor Jiménez.

Al tener que ausentarme del hogar desde 1954 hasta 1967 en estudios de medicina dentro y fuera del país, Ubi pasó a ser el hijo de la casa. Con su humorismo característico se ganó el cariño de mis padres y de mi abuela doña Dolorita Pérez.

Esta última se quedaba estupefacta ante las exageradas narraciones de Ubi respecto a las travesuras de los demás muchachos del vecindario cuando eran traidos con algunos tragos en las cabezas por el cochero oficial de Santiago: Cundo.

A mi retorno al país a finales de 1967, algunas cosas habían cambiado: Ubi se había trasladado a Santo Domingo a estudiar derecho y periodismo. Transcurría la década de  los años 1970 cuando comencé a leer los muy profundos artículos de Ubi por la prensa sobre política internacional, historia, ciencia, etc.

Aún manteníamos contacto frecuente por la vía telefónica y un día decidí visitarle en su hogar. Quedé extraordinariamente sorprendido de su formidable biblioteca: habrían algunos 30 archivos repletos de documentos de todos los aspectos de la ciencia.

Recortó por décadas todo lo interesante que publicaban los diarios del país y archivaba los mismos. Comprendí que aquel muchacho que dejé en mi hogar años

Atrás se había transformado en todo un intelectual, un acucioso periodista quien dominaba la geografía y la historia del Planeta asíc como la política. A pesar de tantos conocimientos, siempre ha sido el mismo hombre sencillo, el hermano leal.

A partir de ese momento comprendí como pudo Ubi calar tan profundamente la personalidad del doctor Jiménez Almonte y su constante preocupación por el pico Diego de Ocampo.

Como señalo en mi libro: “Una vida dedicada a la ciencia”, dedicado al doctor Jiménez, cito en la página 233: “el día 3 de septiembre de 1961 Jiménez visitó Diego de Ocampo quedando consternado ante la destrucción encontrada allí.

Esto motivó a que dirigiera una comunicación al honorable Ayuntamiento de Santiago el día 22 de septiembre de ese año, donde señalaba su profunda preocupación por el futuro de nuestros bosques, destruidos impíamente por la mano del hombre”.

Y continuó: “luego de un estudio de dicha montaña, queremos sugerir al honorable Ayuntamiento hacer una especie de vedado o parque municipal con la finalidad de conservar lo poco que queda y para permitir que la naturaleza misma, con su infatigable fuerza de reproducción haga el resto”.

Esta exposición condujo a que finalmente el honorable Ayuntamiento de Santiago emitió una  resolución prohibiendo la tala de árboles en dicha montaña y el nombramiento de un inspector forestal.

Posteriormente, en 1967 el doctor Jiménez envió una comunicación a mano del entonces presidente Joaquín Balaguer, señalando la destrucción de nuestros bosques por la mano del hombre. Reproducimos aquí un párrafo de la contesta del mandatario el 27 de noviembre de 1967.

 “Le agradezco sinceramente el interés demostrado por usted por la conservación de nuestra flora, a la vez que le expreso mis más expresivas gracias por la amabilidad de su atención”.

Creo de esta forma haber explicado a nuestros actuales mandatarios el sentimiento del periodista, historiador e intelectual, el señor Ubi Rivas y sus solicitudes, a quien humildemente propongo a ser aceptado como miembro de la Academia de Historia.

Tengo  la esperanza que este humilde artículo llegue a manos del presidente de la Academia de Ciencias, Milcíades Mejía.

El Nacional

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