Muchas veces damos un paso al frente y luego dos hacía atrás. En muchos aspectos lejos de avanzar al ritmo de otras naciones y del tiempo, retrocedemos. La guagua va en reversa.
El conductor, nada más y nada menos que el presidente de la República, no sabe conducir hacía el frente. Estamos llegando al siglo XVlll.
El apoyo incondicional y absoluto que senadores y diputados le están ofreciendo al proyecto de reelección del presidente de la República es una vergüenza que nos retrotrae a épocas superadas. Después de una larga discusión y un acuerdo (el Acuerdo de las Corbatas Azules, se habla depermitir la reelección.
Los ridículos comunicados de senadores y diputados de adhesión y apoyo irrestricto, hacen pensar que tenemos un régimen dictatorial o que nos encontramos al borde de una guerra civil, un golpe de Estado o una invasión militar de los pobres haitianos.
Pero actúan de ese modo porque, en los hechos no tenemos ninguna separación de poderes, ni autonomía o independencia de esos los poderes del Estado. Aquí solo existe un poder, el Poder Ejecutivo.
Esa Constitución nueva, que nadie debería ignorar, y mucho menos quienes la elaboraron y aprobaron, en su artículo 124 establece que el Poder Ejecutivo se ejerce por el o la Presidencia de la República, quien será elegido cada cuatro años por voto directo y no podrá ser electo para el período constitucional siguiente.
Presidente, senadores y diputados, ministros y viceministros, guardias y policías, periodistas, abogados y jueces, al hablar de reelección de un gobierno corrupto e incapaz, donde el narcotráfico y la violencia se adueñaron de las calles y del país, demuestran, entonces, que para ellos la Constitución no es más que un papel de sanitario usado por ellos mismos y tirado al zafacón.
Es importante decir que una buena parte de los que hablan de reelección de este narcogobierno temen ser sentados en el banquillo de los acusados o extraditados hacia Estados Unidos

