Una buena definición de cuando un montaje teatral es bueno, es adjudicarle el concepto de que movió tus emociones, jugó con tus sentimientos. Y por simple que parezca ante los muchos criterios a tomar en cuenta cuando ves una obra, lo cierto es que si te puso de frente una realidad y te hizo reflexionar, aún a sabiendas de que lo que ves son actuaciones, pues, cumplió su cometido.
“Olivia & Eugenio”, sin duda cambia las ideas y propone evaluar el sentido de muchos sentimientos y de la misma vida. ¿Qué es lo realmente importante? ¿Cuáles son las verdaderas motivaciones para vivir?
En el montaje sube a escena a Cecilia García, de probada experiencia en las tablas y de quien se espera siempre una buena actuación.
Fuera de sus dotes histriónicos hay que resaltar la manera perfecta en que logra entenderse con José Ricardo Gil (su hijo Eugenio). Se miran, se hablan y es como si se conocieran de siempre.
José Ricardo es la gran revelación de la noche, maravillosamente talentoso, es un joven con síndrome de down, que se encarga de fortalecer el criterio de que no hay obstáculos cuando te propones superarte. Se mueve en el escenario con pleno dominio y se hace la estrella con sus palabras, cortas pero significativas, con sus expresiones que llegan al alma y con su profesional manera de bailar.
El montaje dirigido por Carlos Espinal, es un drama de sentimientos y valoraciones, una historia aleccionadora y muy cerca de la realidad, que analiza y saca acertadas conclusiones, de quienes en realidad, en nuestras sociedades, son los verdaderos “anormales”: los corruptos y los pederastas, entre otros muchos que todos conocemos.
Todo se apoya en la historia de Olivia y su hijo Eugenio, quien nació con síndrome de down. La madre es diagnosticada con cáncer terminal y eso motiva que rememore su vida y le lleguen todos los recuerdos que de una y otra manera la han marcado.
Mientras hace esto, tiene una decisión tomada: se va a suicidar y se lleva su amado hijo, porque sabe que nadie lo va a cuidar con la paciencia y el amor que ella lo hace.
Olivia dice a su hijo que lo lleva a un largo viaje donde disfrutarán de muchas cosas, y él entonces entra a su habitación y sale en ropa de playa.
Ella lo ve entusiasmado y eso la hace pensar en disfrutar los meses que le queden de vida junto a él, dejando a un lado su acelerada idea de la muerte. Decide vivir por él y se funden en un abrazo que movió los sentimientos del público. Las funciones de esta obra de Herbert Morote inician hoy en la sala Ravelo y es válida la recomendación a verla, para disfrutar un buen montaje, y sobre todo para reevaluar un poco la vida.

