Opinión

Un mal síntoma

Un mal síntoma

El anuncio de la Asociación de Pequeños Productores Avícolas de Moca y Licey (Aproamoli), de que organizará su propia patrulla armada para defender a sus afiliados ante la creciente ola de robos y atracos que agobia a esos municipios, constituye un mal síntoma en torno al derrotero de la delincuencia y criminalidad.

La decisión de esa entidad, de “tomar la justicia por nuestras propias manos”, se toma después de la muerte a puñaladas de Domingo Bretón, hermano del obispo de Santiago, Freddy Bretón, a manos de delincuentes para sustraerle su motocicleta.

Por lo menos diez granjas avícolas y porcinas han sido objeto de robos y atracos en los últimos días, por bandas armadas que también sustrajeron cinco motocicletas en otra empresa de Licey al Medio, según denunciaron directivos de Aproamoli.

Se señala que por el acoso de la delincuencia, los guardianes que custodian esas granjas abandonan sus puestos de trabajo bajo el alegato de que no pueden enfrentar a delincuentes que portan armas de mayor calibre que la de un machete.

No se niega el derecho de esos empresarios de defender sus propiedades, así como propia integridad y la de los suyos, pero hasta donde se tiene entendido esa obligación corresponde a las autoridades, además de que la ley prohíbe a los ciudadanos “tomar justicia por propia manos”.

Se requiere que Ministerio Público, Policía y Justicia aúnen esfuerzos en la cruzada de afrontar con toda firmeza el creciente brote de delincuencia y criminalidad, en el entendido de que si se incumple con ese compromiso, la ciudadanía no tendría otra alternativa que asumir su propio patrullaje.

En un abrir y cerrar de ojos, trece personas han muerto en sucesos atribuidos a la delincuencia, incluido siete a manos de sicarios, lo que indica que la criminalidad ha vuelto a adueñarse de las calles o que al menos se abre paso de manera contundente.

No se alientan acciones como la anunciada por agroproductores de Licey al Medio y Moca, de constituir sus propias patrullas para protegerse de los delincuentes, pero se advierte a las autoridades que la decisión de tomar justicia por propias manos es, sin duda alguna, un mal síntoma.

El Nacional

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