Opinión

Un mundo en cambio

Un mundo en cambio

En junio del 2009 decenas de miles de iraníes protestaron en las calles de Teherán y movilizaron a millones de personas alrededor del mundo a favor de su causa empleando las redes sociales. Lo que actualmente se vive en Túnez, Egipto y Yemen es apenas la afinación de un fenómeno que empezó desde aquel entonces. El Internet está teniendo un impacto directo en la vida real y su poder de alcanzar a miles de millones de personas está cambiando la forma de ver y funcionar del mundo. 

 Dictaduras que con mano dura conservaron el poder por décadas han sucumbido en lo que parece ser un rally de dominós impulsado por una mano invisible, y no particularmente del mercado, sino de millones de personas conectadas entre ellas, unas deseosas de libertades y otras ansiosas por ayudar. El viejo orden social está colapsando.

 Antes se hablaba de la familia como la sociedad de individuos, el municipio como la sociedad de familias, la provincia como una sociedad de municipios, la nación como una sociedad de provincias y las naciones como la sociedad humana. Hoy, donde el suicidio de un joven profesional desempleado degenera en la caída de tres regímenes dictatoriales que hasta hace tres meses parecían inamovibles, esa visión de la sociedad resulta irreconocible.

 Si consideramos que los medios que han facilitado esta movilización ni siquiera existían hace 10 años, pensar donde estará la sociedad global dentro de 10 años a partir de hoy, resulta emocionante.    

 A medida que se hagan más difícil de contener estos movimientos cybernéticos, uno no puede evitar pensar que sería de una reedición de Tiananmen en China, que el dominó siga en Arabia Saudita e Irán, que el milagro ocurra en Corea del Norte o Cuba, o incluso con los mismos gobiernos pseudos-democráticos de Venezuela, Bolivia, Ecuador o Nicaragua. 

 Las acciones de los gobernantes ya no son juzgadas sólo por sus gobernados ni las consecuencias necesariamente se van a derivar de estos, no en un mundo donde un hacker de Polonia, Alemania o Estados Unidos  ataca los medios o incitando a la población de un país que probablemente ni siquiera pueda identificar en el mapa.

 La sociedad como la conocemos empezó por los individuos quienes luego cedieron su poder a las comunidades, que a su vez lo cedieron a sus gobernantes, y parece estar cerrando el círculo  hasta volver a los individuos. 

 Las recientes protestas en Grecia, Francia, Portugal, España, Inglaterra e incluso acá en la República Dominicana con el 4% parecen  anunciar la irreversible tendencia de que las pequeñas causas de unos pocos fácilmente se tornan en las causas de millones, un poder que hasta ahora ningún gobernante o potencia ha podido contener.

El mundo está cambiando de forma irreversible y tenemos asientos en primera fila para el evento. Pero ahora mismo resulta imposible predecir o juzgar si a largo plazo esto beneficiará a la humanidad o si pudiera sumir los órdenes conocidos en una peligrosa incertidumbre. 

 Lo cierto es que desde cualquier ángulo que se vea, lo evidente es que el empoderamiento viene recayendo en  los individuos, y no puedo evitar sentirme contento por ello.

El Nacional

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