Cuando este artículo llegue a sus manos, faltarán sólo horas para que los sectores envueltos en la producción de energía eléctrica se aboquen a la firma del Pacto Eléctrico, que durante cuatro años recorrió un tortuoso camino lleno de dificultades.
Pero, al parecer, ya fueron superadas las barreras forjadas por los intereses particulares, ya que su principales actores se convencieron de que el interés de la nación debe estar por encima de los particulares cuando están por medio asuntos vitales para el desarrollo y el disfrute pleno de la población en su calidad de vida y el acceso a los servicios públicos básicos.
En una democracia siempre resulta justo y conveniente dialogar, oír las opiniones de los diferentes sectores de la sociedad y llegar a acuerdos consensuados que garanticen en el tiempo la ejecución y el debido cumplimiento de pactos que involucran el bienestar colectivo.
Basados en estas premisas fundamentales fue precisamente que durante tres años se realizaron amplias y exhaustivas discusiones con la participación de los principales actores del sistema energético nacional que tuvieron como resultado final un acuerdo que debe ser refrendado por una firma que aún está pendiente.
Es por esta razón que urge una real formalización para que los diferentes puntos acordados puedan entrar en vigencia y dar un giro positivo de recuperación al sistema de suministro de energía eléctrica, a fin de que deje de funcionar en las actuales condiciones, ya que representan un gran sacrificio para el país, tanto en materia económica como social.
Aunque en el futuro pueda ser objeto de mejoras y modificaciones, tal como fue consensuado, el Pacto Eléctrico crea reglas de juego claras para todos los participantes, sobre todo en materia de competitividad y sienta las bases para un saneamiento financiero y su estabilidad, además de estimular las inversiones en energías alternativas y renovables. Es claro que estos objetivos requerirán ser seguidos por un trabajo arduo, disciplinado y productivo entre todas las partes envueltas.
Ya era hora de que este pacto comience a operar sin mayores dilaciones, dejando atrás los largos y agotadores esfuerzos que desde el año 1966 se han venido realizando en el sector eléctrico, sin que se haya logrado alcanzar la meta de tener un servicio confiable y a costo razonable para todos los usuarios.

