Opinión

¿Un país sin Esperanza?

¿Un país sin Esperanza?

Visitando a nuestros hijos en New Orleans y en vacaciones, nos llega la noticia del fallecimiento de Esperancita, un nombre inventado para la ilusión de conservar una vida de 16 años que despuntó con demasiada carga para esta sociedad.

Los hombres -y algunas mujeres- elegidos para que “nos representen”, no se interesaron por las Esperanzas dominicanas. Los médicos y médicas que la atendieron tuvieron miedo, se auto amordazaron y le impusieron el martirio. Porque Rosalba Almonte, Esperancita, cayó en las manos del sobresalto producido por la propia Constitución dominicana.

La Iglesia romana, la jerárquica, fue la que estableció las pautas frente a un personal pusilánime que no solo obedeció: se dice de médicos y médicas que manipulaban a la niña con sonografías donde se veía un embrión que ellas y ellos figuraban como “un bebé en salud” y alentaban la maternidad que la mató.

Algunas personas especialistas personalmente consultadas, dicen que lo primero como tratamiento, en aquellas siete u ocho semanas de preñez al hacer el diagnóstico, era desembarazarla, antes de empezar la famosa quimio que se retardó por razones “de conciencia”.

Médicas y médicos sabían que la mayoría de las drogas que cruzan la placenta en los tres primero meses de embarazo, actúan sobre el feto y en el caso de Rosalba/Esperancita, la situación se agravaba con una enfermedad que afectaba su propia sangre.

Un sistema de salud desforzado, acobardado por la intimidación de una Iglesia desubicada del contexto religioso, empoderada frente a una sociedad de políticos y políticas timorata a la que manipula fácilmente.

Faltaron manos intrépidas, corazones conmovidos e inteligencias libres de prejuicios entre quienes atendían a esta niña, sacrificada en nombre de la decencia fingida y la doble moral practicada.

¡Pobre país el nuestro, que ni siquiera puede salvar a una niña! Triste sistema que antepone la muerte de quien conoce a la vida desconocida y finalmente, en el intento, mata a ambos!

¿Qué dirán ahora los y las congresistas que se doblegaron a la Iglesia y al artículo 30/37 y justificaron sus posturas haciendo célebre la frase de que “no se podían suicidar políticamente”?

No valió que la madre de esa niña manifestara públicamente que elegía a su hija viva, un círculo eclesiástico la encerró y oró con ella por la dicotomía de la vida y la muerte, y cerró los ojos de Rosalba/Esperancita arropándola con cantos religiosos. Amén

El Nacional

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