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Un respiro en la agonía

Un respiro en la agonía

SANTIAGO.-   Los problemas de salud, generados por la diabetes y la hipertensión, principales causas para que un ser humano atraviese por la desagradable experiencia de extender su existencia gracias a que se somete a diálisis, se pueden reflejar tanto en un  niño de apenas un año de nacido, como de un hombre de edad avanzada.

Esa realidad fue palpada en el hospital regional universitario José María Cabral y Báez, de esta ciudad, donde coincidieron José Enmanuel Brito Suárez, de un año y cuatro meses y Alejandro Encarnación, ambos residentes en la ciudad de La Vega.

Ellos, como otras 13 personas que viven en distintas localidades de la región del cibao, comenzaron a recibir los beneficios del sistema de diálisis peritoneal ambulatoria, puesto en marcha en ese hospital por el Programa de Medicamentos Esenciales.

Todo esto con el propósito de mejorar la calidad de vida, disminuir los internamientos y posibilitar la integración de los pacientes de escasos recursos con insuficiencia renal crónica a sus actividades cotidianas.

En estos momentos el hospital Cabral y Báez registra alrededor de 200 pacientes que precisan de hemodiálisis, viéndose en la necesidad de invertir mensualmente unos 17 mil pesos en las atenciones que presta a cada uno de ellos.

La puesta en marcha del programa de diálisis peritoneal ambulatoria permitirá que el grupo de 35 beneficiados reciban todos los medicamentos y utensilios que precisen de manera gratuita y que serán facilitados por Promese, con lo que cada una de esas familias se ahorrará un promedio de 40 mil pesos al mes.

María Liriano, una señora residente en el sector Los Pepines, de esta ciudad y que forma parte de las personas beneficiarias, tiene 11 meses sometiéndose a diálisis dos veces al día en su vivienda.

La estrechez económica de su familia había abierto la posibilidad de abandonar el tratamiento y dejar en manos de Dios su suerte. Pero, la puesta en marcha de ese programa por parte de Promese, ha permitido un renacer en doña María, testimonio que ofreció en un encuentro con la prensa que organizó la dirección del hospital Cabral y Báez, para dar a conocer el inicio de esas facilidades médicas.

En esa actividad, el caso que causó mayor impacto fue el del niño Enmanuel Brito Suárez quien, acompañado de su madre Cesarían Suárez, estaba en el salón como fiel testimonio de que, a pesar de su poco más de un año de edad, los problemas de salud que obligan a vivir con esa dificultad no hacen excepciones.

Allí estaba él, sonriente y juguetón, ajeno sus dificultades de salud que desde hace pocos meses obligan a sus familiares a someterlo a diálisis todos los días. Ver a su hijo convivir casi desde su nacimiento con esos problemas, sumado al gasto económico que significaba enfrentar esa cruda realidad, estaba minando la condición anímica de Cesarían, cuadro que ahora se alivia con la ayuda estatal.

El doctor Rodolfo Ortiz, jefe del departamento de nefrología del hospital Cabral y Báez y quien por muchos años ha puesto al servicio de los pacientes su experiencia y conocimientos, está satisfecho de lo que hasta ahora se ha logrado allí en beneficio de quienes precisan de diálisis, pero entiende que el estado debe hacer mucho más.

Sobre todo porque, de acuerdo a los datos que ofreció, en el país de cada millón de habitantes hay 200 que precisan de tratamiento de diálisis. Además, que de cada 100 personas, 10 sufren de diabetes y, 30 son hipertensas, condiciones fundamentales que obligan con el tiempo a dializarse.

El doctor Ortiz tiene la percepción de que múltiples factores inciden en que el departamento de nefrología haya funcionado en el Cabral y Báez con relativo éxito, resaltando el trabajo que se realiza en el área de educación de los pacientes, equipo que es dirigido por la licenciada Daysi Díaz.

El equipo médico lo integran, además,, el cirujano Moisés Vásquez y los especialistas Jacquelin Zorrilla, Gloria Azcona, Arelis Veras y Bernarda Coronado.

El Nacional

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