Opinión

Una dulce y blanca derrota

Una dulce y blanca derrota

Generalmente las derrotas se asimilan con amargura, pero hay excepciones en que  perdedores reciben con alegría la tragedia de sus correligionarios. Posiblemente sea el caso de algunos de los dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), tras la derrota sufrida por su candidato presidencial  Hipólito Mejía.

Esto así, porque se sabe que el presidente de la entidad, ingeniero Miguel Vargas Maldonado y sus más cercanos colaboradores se mantuvieron al margen de la campaña electoral. Algunos llegaron más lejos e hicieron causa común con el adversario.

Los medios de comunicación están saturados de las declaraciones que  “perredeístas institucionales” emitieron contra el entonces candidato del partido blanco. Es bueno recordar que en política no existen las coincidencias.

Perdidas las elecciones, ahora viene lo duro a lo interno del PRD. ¿Rodarán cabezas? ¿Las bases pasarán factura a los responsables? ¿Vendrá el tradicional borrón y cuentas nuevas?

Esos interesantes detalles se los dejaremos al tiempo, pero con la salvedad de que mientras más tarde se procura el remedio, más se agudiza la enfermedad, y, al parecer, el partido de José Francisco Peña Gómez fue carcomido por el germen de la traición.

El haber dejado ver al público la intención del voto no debe ser suficiente, y eso lo saben los expertos en política, porque se trata de poses para los medios de comunicación, ya que en política partidaria  lo importante son los aportes en trabajo, participación organizativa y la lealtad a la entidad, que se traduce en respeto, no solo a los perredeístas sino al conjunto de la sociedad.

Las circunstancias, cinco derrotas consecutivas, obligan a la dirección de ese partido a un proceso de revisión de métodos, trabajo y lealtades, y en caso de que los dirigentes, por conveniencias personales, decidan retrasar el proceso, entonces corresponde a las bases asumir la vanguardia y que el empuje venga desde abajo.

El Nacional

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