El avestruz es un ave que en los momentos difíciles prefiere esconder la cabeza bajo tierra. Igual ocurre con hombres cuya falta de vergüenza les recomienda colocar la cabeza en el interior de una funda negra, de modo que familiares y sociedad no conozcan de su protagonismo en la defensa de actos bochornosos.
Las dádivas nunca deben ser el norte de un periodista, no importa las precariedades en que viva.
Esto viene a propósito de las opiniones de periodistas, así entre comillas, que se prestaron a defender a los asesinos de Orlando Martínez y que recientemente sirvieron de puntas de lanza ante la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, en vano esfuerzo por proteger a los que asesinaron y posteriormente desaparecieron a Narciso González.
Porque sería interesante conocer cómo una persona puede suicidarse y hacerse desaparecer. Ni el ingenio cinematográfico de Steven Spielberg ha podido llevar a la pantalla grande una historia con ese argumento.
No me tomo la molestia de mencionar por su nombre a ese colega , porque no vale la pena, como tampoco valdría la pena solicitar al Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) acciones en contra suya por traición al sector y por irrespeto a la dignidad humana.
Juzgarlo será papel de la historia, de su conciencia y de su familia.
La enseñanza moral de Narcisazo no podrá ser empañada por acciones alquiladas, más cuando todas las investigaciones concluyen en que fue detenido al salir de un cine de la avenida Duarte y paseado por departamentos investigativos de organismos de seguridad gubernamental.
De ahí jamás se volvió a saber del profesor Narcisazo, hasta que al menos a dos colegas se les ocurrió decir que éste se suicidó, tras una grave depresión, con lo que contribuyen a proteger a los responsables del crimen.
El suicidio es sólo para cobardes, y con su pluma, discursos y accionar, Narcisazo mostró dignidad y valor.

