La última entrega del destacado intelectual y dirigente político Tirso Mejía Ricart, Grandes hitos de nuestra historia republicana, desbroza la historia nativa desde la independencia efímera hasta nuestros días, despojándola de la sucesión de acontecimientos y de la consabida ilusión cronológica.
El historiador revierte los acontecimientos históricos, comienza su libro con la evaluación de la cuarta república, es decir del país en estos últimos años y las instituciones que emanan del primer gobierno balaguerista (1966) surgido a raíz de la escandalosa intervención americana y, termina con la independencia efímera, a la cual la dominación haitiana puso coto.
En esta inteligente inversión el sagaz historiador nos invita a establecer nexos entre hechos sociopolíticos del presente con el pasado, sin pasar por los lazos de causa a efecto de la historiografía marxista o liberal.
Así, sorprendentemente la rebelión constitucionalista de abril del 65 y la ocupación militar norteamericana a que dio lugar en un contexto de enfrentamiento entre el bloque socialista soviético y el occidente desarrollado, nos esclarecerá sobre la gesta de los restauradores iniciada en 1863 a fin de poner coto a la ocupación española.
Esta luz vertida desde el presente hacia el pasado, no solamente nos inducirá a mejor ponderar las conquistas democráticas del pueblo dominicano, y el relativo desarrollo socioeconómico, sino a entrever con más prestancia nuestros desaciertos, como el autoritarismo exacerbado, las desavenencias militares, los sempiternos desmanes de la educación, el peculado, etc.
La innovación del historiador en materia metodológica no se limita a invertir la cronología; propone una focalización temática, crucial para comprender desafíos y rémoras que parecen eternizarse.
Enfoca su lectura con énfasis entusiástico en la independencia efímera. Para el intelectual el estado nacional en cierne encabezado por Núñez de Cáceres (1821), pese a su carácter elitista y aristocrático es considerado la primera independencia del país, un tanto menospreciada por los historiadores.
De manera original el autor impugna los historiadores que acusan a Núñez de Cáceres de no haber abolido la esclavitud, recordando que los lideres (Miranda y Bolívar en Venezuela) de las bisoñas naciones hispanoamericanas, tampoco se precipitaron a abolir las diversas formas de servidumbre reinantes en sus tierras, y privilegiaron la emancipación nacional.
Entre las secuencias temáticas que juzga cruciales para seguir los aleatorios derroteros del estado nación sobresale la historia de La ciudad de Santo Domingo.
Expone el tortuoso devenir de la capital dominicana, sus orígenes coloniales y la impronta urbana de Nicolás de Ovando; su capacidad, pese al abandono y la incuria de españoles y haitianos, a transformarse en la cuna de la gesta independentista de Juan Pablo Duarte y los trinitarios.
Subraya atinadamente que como centro geopolítico del Caribe, la ciudad padeció cruentos ataques, entre los cuales no se puede olvidar la invasión inglesa de 1586 protagonizada por el corsario Francio Drake.
Durante esos acontecimientos se profanaron templos, se incendiaron edificios y se cometieron crímenes y tropelías contra los pobladores.
Evoca también el cerco de veintidós días efectuado durante la Invasión devastadora (1805) en vidas humanas, bienes inmuebles y agrícolas de Dessalines, durante el cual pereció el heroico combatiente dominico-español Juan Barón. Evoca el sitio interminable efectuado por Juan Sánchez Ramírez (1809) a fin de dar al traste con la presencia francesa en la isla.
El último cerco importante, nos recuerda el intelectual, fue el padecido por los valerosos combatientes constitucionalistas durante la guerra patria de abril del sesenta y cinco, en la ciudad intramuros y su parte norte.
La historia pareció tartamudear y demostrar que la capital, para los invasores de toda laya ha sido el epicentro del país y el Caribe. Ese minucioso rastreo de las vicisitudes de Santo Domingo y sus habitantes a través de la historia es uno de los grandes aciertos del libro Mejía Ricart.
El autor dentro de la selección de temas que de manera transversal vertebra la obra, otorga una singular importancia a La educación superior. Recordemos que es uno de los más esclarecidos expertos nacionales en el tema; fue el arquitecto, en sus años de diputado (2001) de la secretaria de estado de educación superior, hoy MEESyT.
Después focalizar la dinámica histórica de creación de las universidades, nuestro autor desmenuza las rémoras institucionales y educativas que impiden a la enseñanza superior dominicana enfrentar los graves desafíos del subdesarrollo universitario dominicano: la sobrepoblación estudiantil.
preparación secundaria insuficiente, la impreparación de parte del cuerpo profesoral y la escasez de recursos materiales, entre otros. Los lectores hallaran en este capítulo una síntesis lucida de los avances y desventuras de la educación universitaria, y un libro que se podrá leer como la novela Rayuela de Cortázar, es decir comenzando por donde les plazca.
