El licenciado Roberto Rosario no ha actuado como presidente de un organismo colegiado, cuyo accionar debería ser el resultado del consenso o por lo menos de la decisión de la mayoría de sus miembros. No solía someter a deliberación temas trascendentes, exhibiendo arbitrariedad y conducta dictatorial. En pocas palabras: la JCE es Roberto Rosario, aunque en algunos casos excepcionales lograra recabar dos firmas adicionales.
Durante la gestión de Roberto Rosario la JCE se convierte en el tercer organismo recaudador del Estado —después de la Dirección General de Impuestos Internos y la Dirección General de Aduanas— al establecer tarifas ascendentes a cientos de pesos a simples actas que de ordinario requieren personas de diferentes sexos y edades que hacen fila en los centros habilitados en todo el país. ¿Y ese dinero donde va a parar? Nunca la JCE, que recibe además un presupuesto del Estado, ha rendido cuenta de sus ingresos.
No hay transparencia. Desde la JCE, de igual forma, se han hecho compras que han sido objeto de serios cuestionamientos desde diferentes sectores de la sociedad. La última fue sobre los escáneres, en los que se hizo una inversión multimillonaria, para introducir una modalidad que fracasó y, por demás, violatoria a la ley 275-97.
El licenciado Roberto Rosario viene de celebrar las elecciones más irregulares y fraudulentas que registre la historia social dominicana, ratificando la condición de peledeísta sectario y conflictivo que le conocí siendo empleado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, antecedente que lo llevó al Comité Central del hoy oficialista Partido de la Liberación Dominicana.
El retiro de las visas a Roberto Rosario no me merece ninguna opinión porque ignoro los motivos.
La Embajada Americana, además, no acostumbra a exponer causas sobre cancelación de visa indistintamente de la persona afectada. Lo lamentable es que comentaristas y plumíferos hablen de resarcir el daño que se le ha hecho al presidente de la junta ratificándolo en el cargo.
Es una forma de defender lo indefendible, actitud propia de comunicadores sin ética y capaces de venderle su alma al diablo. Ni siquiera los miembros del Comité Político han salido en su defensa, por asunto de prudencia. La permanencia de esa JCE sería motivo de discordia nacional y razón para que la oposición política descarte la vía electoral para la búsqueda del poder.

