Cuatro organizaciones de la sociedad civil presentaron querella ante la Procuraduría General por presunta corrupción administrativa incurrida en la Presidencia de la República del período próximo-pasado, y aunque la mano de Dios la salvó del archivo definitivo, los querellantes han optado por callar y no reclaman de su atención.
Confieso que no la he leído, pero la conclusión a la que han llegado dos juristas no deja duda de su rotundidad.
Para el doctor Marino V. Castillo, está magistralmente preparada y recomendaba al imputado, Danilo Medina, asistirse de buenos abogados por la seriedad de los cargos; en cuanto al doctor José Luis Taveras, su opinión es: “la querella es robusta y bien documentada”.
Me asombra que Participación Ciudadana, Fundación MASADA, “Santiago Somos Todos” y el Centro Juan XXIII, que son los querellantes, por su actitud huidiza, parecen poner en entredicho sus propias argumentaciones.
Lo extraño es que con la garantía de tener un Ministerio Público independiente, que no excita el odio ni la persecución política, que no actúa por sospechas ni motivos ideológicos, sino por pruebas, estas organizaciones caigan en la lógica del sinsentido de la huida y el silencio.
Por qué alejarse de la gloria y la reputación que da una alusión tan comprometedora contra un Medina tan desafiante involucrándole en hechos graves de corrupción? Nuestra convicción tan solo vacila porque al darle solidez al documento los elogios de dos letrados tan reputados, éstas instituciones precedentemente citadas, no nos dejan más que exigir que tomen el camino autocrítico contundente y radical que depure responsabilidades y expliquen sus errores, si los han cometido ¿O, a riesgo de hacer entrever un rostro político, la estrategia es proteger a Medina y su PLD de la extinción para que Leonel no sea el líder máximo de la oposición? Semejante disfunción es politizar la justicia.
El amor y el miedo son los dos móviles que conducen la acción humana y parece que los querellantes escogieron el miedo a la verdad y no el amor a la verdad.
Por: Manuel Fermín
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