Opinión

Una reflexión

Una reflexión

La sociedad dominicana, como pueblo llano, está llena de incertidumbre, con una apatía que le aleja cada día de su participación en los asuntos públicos. Es como si estuviera “desconectada” de la realidad nacional. Por eso vemos cómo, cada día, se aparta más de los políticos tradicionales, que solo le han mentido, sobre todo durante las campañas electorales. El progreso de que se habla no se refleja en su bienestar, pues mientras las grandes obras que se construyen a nivel privado, que incluyen a torres monumentales y hoteles de lujo, las gentes siguen siendo tan pobres como antes, aunque pudiera decirse que tienen más conciencia, no manifestada con acciones.

No hay dudas de que el presidente de la República, una vez se celebre la Convención de su Partido, luchará, con su base social, por imponer un Comité Político que le permita concluir con la agenda que tiene en su mente, comenzando por prioridad que para él es la educación.
No creemos que con la destitución de los directores regionales de Educación y algunos profesores se logren avances; antes el contrario, lo que debería hacerse es mejorar su capacidad educativa y gerencial, hasta igualarlos con los profesionales privados del ramo.

Si las autoridades lograran una educación pública de calidad, posiblemente los altos funcionarios públicos no inscribirían a sus hijos en colegios y universidades privadas, lo que supone un privilegio frente a los desposeídos que no tienen esas facilidades.
Eso quizás explique por qué ciudadanos comunes crean cada día menos en los políticos tradicionales, la mayoría de los cuales, en épocas de elecciones, prometen y no cumplen, enajenándose así las simpatías populares.

Sabemos que el gobierno del presidente Medina heredó una situación muy difícil dejada por su antecesor, que se agrava por los generalizados reclamos de sectores populares para que satisfaga necesidades perentorias. Esto solo podrá hacerse, como se vislumbra claramente, en base a financiamientos externos, que se suman a la creciente deuda dejada por el ex presidente Fernández, que al parecer creía que nuestra capacidad de endeudamiento no tendría fin.

La situación de desespero que tiene la población, es lo que se combina con otros factores para que las grandes masas populares se sientan sumamente irritadas, aunque no lo manifiestan, pero que es peligrosa para la gobernabilidad. Esas ansias no podrán ser satisfechas en base al endeudamiento externo, otro factor de peligro, incluso para fundamentar nuestra independencia política y financiera.

Los economistas al servicio del Poder se jactan de decir que el país va hacia adelante, cuando se sabe que sin energía eléctrica no hay inversiones, y sin ellas no hay empleos. Seguiremos.