Por estos días ha recobrado vigencia el tema de la reducción de los jueces de la Junta Central Electoral y creo que el momento es ideal para volver al modelo de tres miembros.
Claro, debo reconocer que esta propuesta no resulta simpática para los principales partidos políticos, responsables directos de la reorientación de nuestro tribunal de elecciones.
¿O será necio recordar que la membresía de la JCE ha venido aumentando en la medida en que los partidos políticos de mayor incidencia han logrado representación entre sus jueces?
Incluso, la denominada sociedad civil forzó su representación en la JCE, y tenemos que de tres miembros hubo que llevarla primero a cinco para complacer a perredeístas y reformistas cuando eran los partidos de mayor incidencia.
Luego la sociedad civil hizo presión y logró representación entre los jueces electorales, que entonces llegaron a siete, y finalmente los peledeístas alcanzaron la vocación de poder y también hubo que incluirlos.
Hablamos de una aberración jurídica y de derecho, por cuanto los partidos políticos ya tenían en sus delegados políticos la representación que les corresponde.
Y terminaron convirtiendo a la JCE en una suerte de confederación de comités de base en la que no están representadas la izquierda y las llamadas fuerzas políticas minoritarias debido a su incapacidad de fijarse metas comunes.
Apostaría peso a morisqueta que si los partidos pequeños o los de izquierda fueran capaces de unirse entre ellos, forzarían su representación entre los jueces electorales, con el consiguiente aumento de la matrícula de la JCE.
Pero volviendo a mi propuesta, creo que con tan sólo tres jueces nuestro tribunal electoral funcionaría bien, e incluso con la creación del Tribunal Superior Electoral, o como se llame, ese esquema se fortalece.
Sería cuestión de buscar ciudadanos honorables para nombrarlos jueces electorales. Estoy seguro de que encontrarían personas a las que nadie pudiera regatear solvencia moral sin caer en mezquindad.
Es cierto que la sociedad dominicana se ha maleado como todas las sociedades del mundo, pero nadie me diga que en ese aspecto ya lo perdimos todo, porque no me va a convencer.
De lo que sí estoy seguro es de que el actual modelo de la JCE debe ser modificado, porque además de que asigna a los partidos el privilegio de erigirse en jueces y partes, mantiene bajo amenaza a su propia credibilidad.
Los intereses de los partidos políticos deben ser defendidos por sus delegados ante la JCE, que es a quienes corresponde esa responsabilidad.
¿Por qué asignarles jueces también?

