Desbandada en el PRD
El Partido Revolucionario Dominicano vive por estos días un proceso interesante, porque a veces da la impresión de que su máxima dirigencia empuja hacia afuera de sus fronteras partidarias a quienes se atreven a controvertir sus decisiones.
Ya figuras emblemáticas de esa organización están fuera de ella, como parte de lo que parece un plan preconcebido por sus autoridades para liberarse de la molestia de las voces contestatarias a nivel interno.
Y, aunque no voy a entrar en consideraciones acerca de la validez de los argumentos de quienes han decidido abandonar su vieja militancia perredeísta, debo decir que el asunto se aventura extraño.
Porque mientras toda organización política procura atraer, por lo menos cuando se acerca la celebración de elecciones, la actual dirigencia perredeísta parece animada a prescindir de los votos y del trabajo electoral de los desafectos internos al proyecto presidencial del ingeniero Miguel Vargas Maldonado.
Desde su punto de vista, carece de importancia el hecho de que hayan renunciado al PRD el diputado Rafael Calderón, el ex síndico Daniel Carvajal Lois y el muchas veces ex Vicente Sánchez Baret, porque se trata de pepehachistas.
No razonan que, si bien esos renunciantes no podrán llevarse tras de si a muchos perredeístas, le restarán cientos o miles de votos a esa organización porque ellos y sus seguidores no votan por el tristemente célebre PPH sino por el PRD.
He escuchado, incluso, a por lo menos uno de los colaboradores de Vargas Maldonado soñar con que el ex presidente Hipólito Mejía abandone su partido, al parecer convencido de que con eso terminarían los problemas internos en el PRD.
Debo insistir en que no sé si en realidad los que han abandonado las filas perredeístas en el actual proceso tenían razones valederas para fundamentar su decisión.
Lo que sí sé es que la ruta que transita esa organización política bajo su actual guía no es la que conduce hacia el poder, o por lo menos no hacia el poder que entendemos otorgan el ejercicio de la Presidencia de la República y demás posiciones electivas.
Claro, si interpretamos lo de nuevo PRD que tanto le gusta a la actual gestión dirigencial perredeísta, pudiéramos colegir que esa organización surge para agenciarse su espacio en la sociedad dominicana y que por consiguiente no aspira a llegar al poder por ahora.
Si ese fuera el caso, entonces empezaría a entender por qué al PRD se le nota errático al identificar y tomar la ruta que conduce al poder político.

