Opinión

Unas de cal….

Unas de cal….

POR VICTOR MENDEZ
A propósito de las huelgas y demás movimientos de protesta de los últimos días escuché por la radio a un comentarista hablar de la situación y confieso que  sentí vergüenza.

 Porque creo que nunca como ahora la politiquería había influído tanto en el ejercicio del periodismo, una profesión que alguna vez fue ejercida como sacerdocio.

Y llegué a la conclusión de que el descrétido en que hemos caído los periodistas tiene una justificación que no se le puede regatear.

Porque abandonamos la responsabilidad de informar, orientar e instruir, y nos dedicamos a un periodismo mezquino y rastrero, al servicio de los partidos políticos.

Siempre recuerdo las enseñanzas de los que me convirtieron en periodista, en el sentido de que la responsabilidad a la hora de informar debía subordinar todo otro interés, y éso incluía al de carácter político.

Mis maestros tenían simpatía política y ejercían el derecho al voto cuando se celebraban elecciones, pero separaban y enseñaban a separar el interés político de la responsabilidad de informar y orientar.

Ahora la historia es diferente, diametralmente opuesta a aquellas enseñanzas y al escuchar a aquel comunicador sentí más asco por tratarse de un profesional formado por aquella escuela.

Yo sabía que el periodismo se ha maleado porque la inversión de valores ha afectado a todos los estamentos de las sociedades del mundo.

Pero nunca pensé que anduviéramos tan mal y día la realidad me dió a traición por la cara, ya que nadie me contó lo de aquel comentario.

Lo escuché personalmente y tuve que aceptar que la politiquería subyugó a la vergüenza y la ética para dar paso a un ejercicio asqueroso del periodismo.

El tunante al que me refiero tuvo el tupé de intentar desautorizar a una persona que llamaba desde Bonao para decir que el movimiento huelgario que afectaba a esa comunidad tenía entre sus participantes a  personas que nadie conocía en esa comunidad.

Y eso exacerbó tanto los ánimos al comunicador, que además de insultar a esa persona y endilgarle haber sido enviada por el DNI, profirió “malas palabras” que en otros tiempos habrían conducido a la cancelación de un periodista del medio en que trabajara, particularmente tratándose de la radio.

O sea, una mujer residente en Bonao llamaba para informar que allí había personas ajenas a la comunidad, y el señor comunicador, que no es de aquel lugar, decidió desde la capital que eso era mentira.

Claro, las cosas no terminaban allí sino que cuando se anunció que los promotores de aquella huelga habían decidido levantarla para dar un compás de espera a las autoridades con miras a satisfacer sus demandas, el mismo periodista sentado frente al micrófono les atribuyó haber vendido al Gobierno su movimiento.

Porque al partido político al que sirve desde esa emisora no le conviene la calma en las comunidades. Preferiría que el país arda en candela por los cuatro costados, porque cree que eso puede ayudar a su causa de regresar al poder.

Naturalmente, los periodistas podemos trabajar para los partidos políticos si queremos hacerlo y con éso no faltaríamos a nada, si lo hacemos en los ámbitos de esas organizaciones, en sus medios de comunicación.

Lo malo es servirles a los partidos políticos desde los medios de comunicación independientes, haciendo creer que a quien se sirve es al pueblo en sentido general.

Porque eso conduce a la distorsión de la verdad para ponerla al servicio de causas particulares, una aberración que en el ejercicio del periodismo casi siempre termina revirtiéndose contra quien recurre a ella.

Es tiempo de retomar la ética, la moral y la vergüenza a la hora de informar. ¿Nos animamos?

victormendez23@hotmail.com

victormendez23@gmail.com

 

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación