Cura Hartley no perdona
El tristemente célebre sacerdote Christopher Hartley al parecer no pudo aprender a perdonar… ni a agradecer.
No perdona que lo expulsaran de la iglesia de San José de los Llanos, en San Pedro de Macorís, luego de que las autoridades eclesiásticas comprobaran que ejercía un ministerio delictivo.
No agradece a las autoridades ni al pueblo dominicano por haber soportado sus andanzas sin meterlo a la cárcel, a pesar de haberse erigido en enemigo público de país.
Durante su estadía en esa comunidad le fueron imputadas las faltas de distracción de fondos de su parroquia, agresiones físicas contra más de una persona, difamación, injuria y otros delitos, además de centrar su ¿ministerio? para beneficio de los indocumentados haitianos de la zona, menospreciando a los dominicanos.
Y cuando su diócesis no pudo lograr su arrepentimiento ni continuar haciéndose de la vista gorda ante sus diabluras, lo expulsó.
Lo enviaron a una parroquia del Bronx, en Nueva York, pero desde allí siguió instigando maledicencia contra la República Dominicana, a través de denuncias irresponsables, con la colaboración de los malos dominicanos que todavía sirven a su causa.
Supe que ahora dizque trabaja en Etiopía, en África, en lo que parece un ministerio itinerante que no ha podido apaciguar su odio contra la República Dominicana, un pobre país que lo acogió como la persona de bien que él no demostró ser.
Me dicen que los fondos que recibía la parroquia de Los Llanos se fueron con él, y parece confirmarlo el hecho de que los programas sociales que tenía la iglesia en esa comunidad quedaron cerrados tras su expulsión, tal vez porque los necesitaba para continuar su campaña internacional contra los dominicanos.
Según mis informes, a tres años fuera de nuestro territorio, el desgraciado cura Hartley sigue empecinado en conseguir que organismos internacionales condenen a la República Dominicana en base a su campaña difamatoria.
Esa ignominia procuraría por un lado presionar para que Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea cancelen las cuotas azucareras preferenciales contratadas con este país para acabar de fastidiar nuestra economía.
Y por el otro, forzar a las autoridades dominicanas a regularizar la permanencia aquí de haitianos indocumentados cuyo ingreso y presencia en territorio dominicano violan todas las estipulaciones de nuestra Ley de Migración.
Según mis fuentes, ya antes, en sociedad con la abogada Noemí Méndez, el satánico cura logró en base al chantaje y presiones de todo tipo, que las autoridades regularizaran el estatus de indocumentados haitianos que no llenaban los requisitos establecidos por la ley.
Y me cuentan que la abogada Méndez sigue trabajando para él desde aquí, y que recorre las principales comunidades de Los Llanos y Quisqueya con otros de sus socios, incitando a los trabajadores agrícolas a rebelarse contra sus empleadores y las autoridades bajo el pretexto de que los indocumentados haitianos son inmisericordemente explotados y abusados.
Los datos dan cuenta de que la abogada Méndez habría logrado poner al servicio de la causa anti dominicana promovida por Hartley al Centro Dominicano de Asesoría e Investigaciones Legales (Cedail), en una acción que compromete a la Iglesia Católica, que auspicia a esa entidad.
Porque la campaña antidominicana llevada a todos los foros internacionales a que tiene acceso el fatídico cura Hartley implica acciones penadas por las leyes y por la Constitución dominicanas, y la complicidad tiene estipuladas sus sanciones.
Nuestras autoridades tienen el deber de defender el buen nombre y la soberanía del pueblo dominicano ante los agravios de nuestros enemigos y sus cómplices, sean estos extranjeros o de los nuestros. Es tiempo de afrontar el problema.

