En un reciente artículo, dijimos que los problemas del país solamente podrían ser enfrentados mediante un Frente de Unidad Nacional, con carácter plural, integrado por representantes de organizaciones políticas y sociales, sin vocación electoral.
Debería reunir a miembros de los partidos políticos y simples ciudadanos, para obligar a los partidos a elaborar un programa de desarrollo viable y único, con vigencia de por lo menos tres períodos electorales.
Hemos visto que ninguno de los partidos políticos ha cumplido sus promesas de campaña, mucho menos sus programas de gobierno, lo que determina que cada día el pueblo les tenga menos confianza.
La campaña con miras a las elecciones previstas para el próximo año ya ha comenzado, notándose que en los propios partidos la democracia interna parece no existir. Tendríamos que convenir, pues, en que su oferta democrática es inviable.
Esto es políticamente peligroso para la gobernabilidad.
El frente plural que proponemos, vendría a ser una especie de Asamblea Constituyente, que fue excluida de la nueva Constitución. Cada miembro de ese Frente tiene absoluta libertad para votar por el candidato que desea, lo que impediría que se vea tentado a convertirse en partido político.
Cuando se logre un Programa único, aceptado por todos los partidos, no habría lugar para la demagogia con promesas que solo contribuyen a un clientelismo estéril.
Un serio problema, por ejemplo, es la producción de agropecuaria. Es inconcebible que el país se dé el lujo de importar alimentos por US$1,800 millones, cuando la mayoría de esos alimentos perfectamente podría producirse en nuestro país.
Debería consignarse, pues, el compromiso de hacer los máximos esfuerzos para producir aquí lo que necesitamos.
No se trata de quebrantar el proceso democrático, sino de fortalecerlo con amplia base popular. Cuando el pueblo vea que a través de ese Frente pueden solucionarse los problemas, estamos seguros de que nuestra democracia crecerá, con todo lo positivo que eso significa.

