Un socio de Miguel Vargas Maldonado, el ex presidente de Panamá Martín Torrijos, organizó el reciente encuentro entre Vargas y el ex presidente Hipólito Mejía. El encuentro tuvo lugar en el escenario idóneo: la residencia veraniega de Ramón Emilio Jiménez, hijo y homónimo del desacreditado ex general que en 1999 viajó con Mejía (entonces candidato) a Miami, a buscar favores del exilio cubano.
Acerba como la crónica del encuentro, es su motivación. Probada la hegemonía de Miguel Vargas (comprada) en el PRD, Hipólito Mejía no puede permitir que lo excluya al repartir la cuota de poder, y consideró necesario hablar de acceso a fuentes de recursos, informaciones y otros mecanismos de fuerza de que dispone.
El chantaje mutuo es el punto de encuentro. Y es un sello todo el sistema.
No es casual que el 27 de diciembre, una semana antes de la reunión, sin Torrijos ni Minilo, Danilo Medina anunciara por escrito que se integrará a la campaña en aras de que el Partido de la Liberación Dominicana aumente su presencia en el Congreso y en los cabildos. Además, afirma que el Presupuesto aprobado es el que se puede aplicar en el año 2010.
Evita añadir a lo gris de su figura la condena a la exclusión definitiva. Sabe que Leonel Fernández tiene el control de la maquinaria electoral y dispone de recursos para comprar lealtades.
Es infeliz todo intento de hablar de unidad y cohesión en el seno del Partido Revolucionario Dominicano o del Partido de la Liberación Dominicana, porque sólo los define como partidos el interés de controlar los mecanismos del Estado para favorecer proyectos de tipo económico y conservar privilegios de grupos.
Es más apropiado hablar de conciliábulo, porque no hay unidad en propósitos políticos o en un proyecto de nación.
El descrédito de muchos elementos en los partidos (de algún modo hay que llamarles) y en cada grupo, incrementa la ilegitimidad, y en los recientes escándalos de narcotráfico y lavado de dinero, muchos nombres podrían ser mencionados.
En esas circunstancias, nadie quiere convertirse en pieza sacrificable. Ceden los que tienen la hegemonía y los que han sido aplastados. Y vienen las reuniones y reencuentros.
Los motivos que hasta el año 2002 mantuvieron a los dirigentes de hoy obedientes a la voluntad de Joaquín Balaguer, los obligan a mantener comunicación en algunos niveles.
No es casual la renuncia del PRD y grupos similares a hacer oposición. El pacto Leonel – Miguel en mayo pasado fue un adelanto a ese proceso. Tratan de evitar que los escándalos derrumben el sistema. Un propósito abominable, como el pacto de impunidad que lo sustenta y como los farsantes que en él se cobijan.

