Santiago. La víspera de navidad es tiempo de integración y armonía, los colores encienden la llama de prosperidad y el perdón circunda en calles y avenidas.
A mitad del año ya los vecindarios inician las reuniones para plantear ideas de cómo, qué y cuál será el concepto a plasmar en su sector.
A través del método del reciclaje los ciudadanos han madurado en cuanto a la preservación del planeta y han logrado crear con sus manos decoraciones genuinas. José Espinal, quien encabeza la decoración del sector los Ciruelitos explica que «más que la decoración, la alegría del barrio se manifiesta en la forma en que se integra la gente para aportar ideas y decorar. Los niños son las piezas claves para recolectar materiales y pintar».
Todos en armonía y con la música navideña trabajan a la hora que todos pueden, los niños al salir de la escuela, los adultos al llegar de sus respectivos trabajos y los ancianos suelen ser el jurado principal de las ideas, por su sabiduría y emprendurismo que le caracteriza por haber vivido tantas vísperas.
Gregoria Díaz, de Hoyo del Caimito, presidenta del comité de desarrollo comunitario del sector nordeste refiere que la decoración navideña une corazones. La gente decora no por ganar un concurso, sino en busca de que los jóvenes se integren y de convertir la actividad creativa en una tradición.
John Manuel Marte, de Sávica, cuenta que «toda la comunidad se integra y aportan entre todos, el que no puede hacerlo económicamente lo hace con la disponibilidad del tiempo, lo hacen con amor y la mejor experiencia es acostarse a las 5:00 de la madrugada decorando, aunque a veces se agotan los recursos y tienen que sentarse a planificar.
Adonis López, de Savica, jocosamente explica que la mejor experiencia de trabajar en grupo es compartir el sabor de un té de jengibre en plena madrugada y luego de toda una noche decorando, ver el rostro de los niños corretear alrededor de las luces y de las creaciones.
Los niños han sido el combustible que ha aportado esperanzas y deseos de proseguir. Sus manitas han sido las carretillas que mueven los materiales de un lugar a otro y la brocha que pinta, ilumina y enciende el ambiente.
«Esto se vive, todas las edades están motivadas, todos sonríen y hemos estado más unidos, ya no somos vecinos, sino hermanos, nos cuidamos unos a otros y la decoración de nuestra calle la hemos hecho para no tener que salir de nuestro territorio a disfrutar la Navidad», cuenta Layonan Hernández de El Ejido.

