Nosotros recibimos con beneplácito que se haya producido la dimisión de este general. Su nombre ha sido objeto de muchas denuncias, declaró en noviembre del año pasado Iván Cepeda, portavoz del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, MOVICE, a propósito de la renuncia del general Mario Montoya como Comandante del Ejército de Colombia.
El 17 de septiembre, Juan Forero, reportero del diario estadounidense The Washington Post, atribuye a un funcionario de la Fiscalía General la opinión de que es creíble lo informado por un ex paramilitar, Luis Adrián Palacio, de que Montoya colaboraba con escuadrones de la muerte en Medellín, capital del departamento de Antioquia.
Así se habla en Colombia del hombre a quien el presidente Álvaro Uribe Vélez encargó recientemente de la Embajada en República Dominicana.
En 1989, Carlos Menem, nombró embajadora de Argentina en Santo Domingo a Teresa Mecía de Palma. El objetivo fue instalar a Luis Palma, esposo de Teresa, en un lugar donde no fueran conocidas sus andanzas como miembro de la Alianza Anticomunista Argentina. Hoy, casi 20 años después, Uribe nombra a Montoya, quien salió del Ejército de Colombia cuando varios oficiales fueron cancelados por estar vinculados a decenas de desapariciones forzadas y la Organización de las Naciones Unidas tomó parte activa en la investigación de estos crímenes.
20 años después, Leonel Fernández, como discípulo de Joaquín Balaguer, se presta al mismo juego.
Medios de comunicación de Colombia aseguran que Montoya colaboró con la Triple A colombiana, Alianza Americana Anticomunista, que a mediados de la década de 1970 reprimió a los opositores y atacó las sedes de medios de comunicación como la revista Alternativa y los periódicos El Bogotano y Voz Proletaria.
El escándalo de los falsos positivos obligó a Montoya a renunciar de la Comandancia del Ejército. Los falsos positivos son, en este caso, civiles asesinados por el Ejército y luego presentados como guerrilleros, casi siempre como miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.
En el año 2005, tropas de la División que comandaba Montoya dieron muerte en San José de Apartadó a 6 personas, incluyendo una niña de 6 años y un pequeñito de dos.
En noviembre, al dar a conocer su renuncia, pidió, para los militares asesinos, la oportunidad de defenderse. ¡Qué descaro! A pesar de todo esto, Mario Montoya Uribe es enviado al Caribe a servir al gobierno de Uribe Vélez. Inseparables son los Uribe.
A Montoya, la ultraderecha le debe demasiado. Ahora lo saca de su país, donde es mal visto, y le asigna la misión de cuidar los capitales de oligarcas colombianos nada santos, invertidos en este país y en toda esta zona.
A su participación en una conspiración contra el gobierno de Ernesto Samper Pizano, se añade su estrecha relación con el poder imperialista.
El Espectador, uno de los diarios de mayor circulación en Colombia, publicó que el Séptimo Grupo de Operaciones Especiales USA, los Boinas Verdes, durante una parte de la década de 1990, actuaron en ese país cubiertos por Mario Montoya. Este grupo realizó un entrenamiento de Planeación Militar con la tropa del coronel Lino Sánchez cuando éste planeaba la matanza de más de 50 campesinos de Mapiripán, una masacre perpetrada en julio de 1997 por paramilitares y militares que causó indignación en todo el continente.
Junto al ex jefe del Comando Sur, Charles Wilhelm, y a quien fue zar antidrogas Barry McCafrey, Montoya seleccionó las bases de operación de los militares yanquis en Colombia. Por si esto es poco, Montoya es el General del Plan Colombia, proyecto en el actuó bajo la coordinación de Luis Alberto Moreno, actual presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y ex embajador en Washington.
No hay que hacer predicciones. Basta recordar fue funesta la estadía aquí de Luis Palma Mecía (su nombre y el de uno de sus hijos fueron mencionados en el asesinato a puñaladas el niño José Rafael Llenas Aybar en 1996). Y apuntar que el nombramiento de Mario Montoya se produce después que ha sido acusado por el dirigente izquierdista Narciso Isa Conde de dirigir una conspiración contra su vida. ¿Qué compromiso impidió al presidente Leonel Fernández rechazarlo de inmediato? Si se añade a la definición de Uribe el perfil de su nuevo enviado, nada bueno se alcanza a ver

