El asesinato a balazos de dos hombres durante un atraco en un puesto de venta de comida en el kilómetro 13 de la autopista Duarte, y el asalto contra clientes de un restaurante de la avenida Enriquillo, son indicativos de que la lucha contra la delincuencia apenas comienza y va para largo.
En una misma noche se perpetraron sendos asaltos, uno en una fonda de barrio y el otro en un restaurante de un sector exclusivo, cercano a la residencia del presidente Danilo Medina, clara señal de que la criminalidad afecta por igual a las áreas residenciales y a comunidades populares.
Los delincuentes no parecen atemorizarse por el reforzamiento del patrullaje con más de siete mil militares ni por el levantamiento de retenes en calles y avenidas para detener a vehículos, cuyos ocupantes puedan tener perfiles sospechosos.
Ninguna ciudad de República Dominicana figura en el ranking de las 50 más violentas del mundo, preparado por la revista inglesa The Economist, aunque 40 de esas metrópolis pertenecen a América Latina, pero la población parece percibir que las calles están bajo control de la delincuencia.
La población no asimila que antisociales asesinen a dos ciudadanos para robarle la motocicleta en que viajaban y el dinero que usarían para comprar comida, en una posada barrial, ni que individuos armados atraquen a comensales en un restaurante cercano al hogar presidencial.
El ministro de Defensa, teniente general Rubén Darío Paulino Sem, ha advertido que el patrullaje policiaco militar será permanente y además se incrementará, lo que se interpreta como una firme determinación de afrontar el auge de la delincuencia y la criminalidad.
Conviene advertir a las autoridades que el envío a las calles de miles de soldados y policías no constituye un remedio infalible contra la inseguridad ciudadana, aunque se reconoce la necesidad de contener por esa vía la hemorragia de violencia delincuencial.
Sin objetar los patrullajes y retenes, se sugiere para contener la delincuencia que el Gobierno promueva más empleos, capacitación laboral, deportes, recreación, cultura y educación que impacten amplios segmentos de la juventud, hoy abatidos por la frustración y el desencanto.

