Opinión

Valor de la información

Valor de la información

Orlando Gómez Torres

Como persona que creció durante la “era salvaje del internet” cuando el consumo de contenido pirateado era rampante y donde el usuario promedio entendía eso como la norma, todavía al día de hoy pongo mucha resistencia a pagar por contenido en línea.

En contraste con esa resistencia, y después de años batallando con mi terquedad, esta semana tomé la decisión de suscribirme a los medios de información The Economist y Bloomberg, ya que resultó para mí inaceptable seguir sin poder consumir sin ataduras el contenido de esos medios, los cuales considero indispensables para estar verdaderamente informado. Entiendo que ahí hay un mensaje allí para toda la prensa.

Si hace una década la batalla era por información (quien diera más información, todo el tiempo, y de la forma más sucinta posible), la batalla de esta próxima década será por la información de calidad.

Las redes sociales se han convertido en el basurero que capta y retransmite la pocilga de información que generan sitios de noticias falsas, centros de propaganda estatal e ideológica, artículos de blog sin sustento, y notas de prensa sin contrapuntos, lo que a su vez es captado y reproducido por la mayoría de los medios tradicionales, alimentando un círculo vicioso de desinformación.

Esto a su vez ha reducido los debates con consecuencias muy reales para la persona promedio en discusiones estériles sobre la calidad de las fuentes, y no sobre lo que realmente importa, que es la toma de decisiones y la validez o no de las mismas.

Inevitablemente, en el mercado libre de las ideas, poder acudir a fuentes de difícil cuestionamiento tiene un enorme valor, un valor que gustosamente estarían dispuestos asumir las personas en posición de tomar decisiones o comunicar responsablemente sobre ellas.

No es coincidencia que en mi caso hiciera el “sacrificio” para tener acceso a publicaciones como The Economist y Bloomberg, ya que son publicaciones principalmente enfocadas en noticias del ámbito financiero y económico, y que dirigen su cobertura a personas con interés en esos temas. Su supervivencia como negocios depende de informar a un público que toma decisiones financieras en base a lo que leen en ellas, su credibilidad es su fuente de dinero.

Lo que puso fin a la “era salvaje del internet” en la que crecí fue el acceso a precios razonables a contenido de calidad, y esa industria enteramente en línea hoy maneja cientos de miles de millones de dólares en ventas, en muchos casos superando con creces a su competencia tradicional.

En estos tiempos de la post-verdad, o como podríamos llamarle, “la era salvaje de la información en línea”, también va a ser superado cuando los medios, aún más que los mismos consumidores, entiendan que la información de calidad tiene su precio, y que, aún a pesar de nuestras terquedades, los usuarios estamos dispuestos a pagarlo.

El Nacional

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