Fe Luna nos recrea días oscuros conque cerrábamos en 1999 un fin de gobierno, de año, siglo y milenio. Han transcurrido dos décadas, suficientes para que la historia sea diferente, sin los atavíos y ataduras de aquél tiempo, lleno de taras y anacrónicos caudillos que esta época ya rechaza.
Veamos unos cuantos párrafos de lo que nos cuenta Orlando Luna, uno de los personajes de esta novela escrita por nosotros. Ambientada en Esperanza, la obra se desarrolla entre los días recientes a la caída de Trujillo y el año 1999, cuando Leonel Fernández abandonaba el poder por primera vez.
“Éstos días se nos presentan repletos de esas divinidades que traen las fechas arcanas, exactas y coincidentes. Llegando a un fin de siglo y de milenio, el cierre de una etapa se nos antoja premonitorio, además. Para colmo, asistimos al final del gobierno de Leonel Fernández.
Apenas conocido, no sentimos defraudados por el deslucido gobierno de este bisoño dirigente, más empeñado en hacerse de una hoja de vida y carta de presentación que nunca tuvo, hasta que determinadas circunstancias políticas llevaran al presidente Balaguer a endosarle su apoyo para lograr el poder. “Ha hecho de los viajes, inútiles y costosos, su mayor instrumento de proyección.
A costa del Estado, por supuesto. Esta breve y profunda descripción que hace el historiador Pedro Troncoso Sánchez Sobre la forma que llegaron al poner algunos de los tiranos que nos han gobernado, le viene como anillo al dedo: ‘(…) un caso de irrupción de la nada, de esos que parecen burlarse de la herencia’ Nadie lo vio llegar.
¡Carajo!, siempre amenazan con volver las oscuras golondrinas. “A este fin de siglo y de milenio tampoco le faltaron otros anuncios catastróficos ni mágicos sortilegios buenos para tornar el miedo en irónicas e hilarantes tragicomedias.
No podía ser diferente en el umbral del tan esperado 2000. Así, de un nuevo siglo y milenio”. La historia como fue anunciada y contada.
Por: Eduardo Álvarez
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