Asambleístas sostienen que la nueva Constitución permite el aborto terapéutico, a pesar de que fue aprobado el artículo 30 que consigna lo que se ha llamado el derecho a la vida.
Esos asambleístas, que pidieron reservas de sus nombres, señalan que el artículo 33 sobre los derechos constitutivos de la persona en su acápite tercero, así lo establece.
Ese acápite dice : Nadie podrá ser sometido a experimentos y procedimientos que no se ajusten a las normas científicas y bioéticas internacionalmente reconocidas, tampoco a exámenes ni procedimientos médicos sin su consentimiento, excepto cuando se encuentre en peligro su vida o por cirscustancias que determine la ley..
Argumentan que constituye un crimen que una mujer enferma con complicaciones se obligue a mantener un embarazo que pueda causarle la muerte.
Lamentaron que las posiciones reaccionarias predominaran en las decisiones de los asambleístas y se hayan dejado chantajear de las iglesias.
Aclararon que no están a favor de la legalización del aborto, pero tampoco se puede permitir que una mujer muera por un dogma religioso.
El presidente de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, doctor Víctor Terrero, mantuvo una fuerte campaña para que se aprobara la legalización del aborto terapeútico, pero no lo logró.
La jerarquía de la Iglesia Católica inició en Santiago una campaña en contra de los legisladores que votaron en favor de la legalización del aborto.
En sus homilías, pidieron a la feligresía que votara en las elecciones en contra de esos legisladores.
El diputado Gilberto Serulle, del PLD, lamentó que la Iglesia Católica utilizara el púlpito para detractar a los que sostienen una opinión contraria.
Sostuvo que al buen cristiano se le enseña a conciliar y perdonar, no a ensañarse contra los que difieren de sus criterios.
Las iglesias montaron piquetes y vigilias frente al Congreso defendiendo su posición.
Como en la inquisición
Asambleístas peledeístas mantuvieron hasta el final su posición de legalización del aborto terapéutico, mientras los reformistas y perredeístas enarbolaron una posición de respaldo a la Iglesia Católica sobre el derecho a la vida y los trastornos que conllevaría esa.
