EI Padre Nuestro es la oración que nos enseñó el mismo Jesucristo. Todos los cristianos lo rezamos. Decimos: Padre Nuestro que estás en los de los cielos, santificado sea Tu Nombre, venga a nosotros Tu Reino
¿Cómo sería ese Reino de Dios que pedimos que venga a la Tierra? Tendría características bien diferentes de las que se muestran en los reinos, y en los gobiernos, que existen en la Tierra.
Si imaginamos que el Reino de Dios viniera a La República Dominicana, ¿como se destacaría el país?
Sería un país donde prevalecería la verdad. Ni en el ejercicio de la política, ni en los negocios, como tampoco en las operaciones financieras, ni en la justicia se hablaría mentiras. Se practicaría la solidaridad. Habría atención a las necesidades de los más pobres. No habría hambrientos. No habría atesoramiento de riquezas. Se usarían esos capitales con el propósito de invertir para crear empleos y, así, lograr el desarrollo de la economía.
El Reino de Dios traería más entendimiento. Los grupos de mas alto nivel económico se entenderían entre sí, disminuyendo el tipo de competencia que los perjudica; y ellos, los más ricos, en armonía con los más pobres, producirían para satisfacer las necesidades de todos, que es el objetivo de la economía, no exclusivamente para ganar y aumentar sus riquezas.
También los políticos elaborarían un plan para el desarrollo.
Si el Reino de Dios viene a esta tierra, habría justicia. Justicia distributiva, mediante la cual recibiría cada uno lo que le corresponde, según su esfuerzo. Justicia conmutativa, con la cual todos completarían el compromiso asumido. Todos podrían satisfacer sus derechos; pero, al mismo tiempo, todos cumplirían sus deberes. Así se lograría la justicia social, eliminando la marginalidad; pues, los conductores de la sociedad trabajarían para alcanzar el bien común. Habría equidad, eliminando la subsidiaridad sin solidaridad, que deriva en asistencialismo.
Si logramos traer el Reino de Dios, tendríamos un país organizado. Contaríamos con familias más integradas, sin violencia intrafamiliar. Los padres atenderían mejor a sus hijos, logrando más altos niveles de educación y, hijos e hijas, con más amor al trabajo. Además, serian organizados el gobierno y las empresas. Tendríamos servicios de energía, agua y desagüe, limpieza… y, también, un transporte eficiente.
Ttendríamos una ecología excelente. Habría equilibrio con la naturaleza, ofreciéndonos ésta la gran variedad de sus productos y la belleza del paisaje.
El Reino de Dios aquí seria un reino de paz. Se eliminarían las fuentes de violencia: robo, narcotráfico, corrupción, explotación, lavado de dinero, agiotismo, usura, lujuria, homosexualismo, el denigrar al otro, el chisme todo eso desaparecería.
Y, lo más importante, tendríamos el predominio del amor. En todas las familias, en las organizaciones sociales, en la comunidad, y en toda la nación, habría respeto y actitud de colaboración, no solamente hacia las personas, sino también hacia los animales y hacia las cosas. Cumpliríamos cabalmente con las recomendaciones de Jesucristo a sus seguidores: «amaos los unos a los otros».
