A través del sentido de la vista apreciamos cosas que quedan impresas para siempre en nuestra memoria. Me decía un señor hace ya muchísimos años, que el que más sabía era el que más había visto. En su momento no lo entendía pero a través de los años lo comprendí.
No es lo mismo leer sobre las 7 maravillas del mundo, que haber tenido la suerte de ver al menos una.
En 1969-70 estando presente en una exposición en el Tate Gallery de Londres, en compañía de unas amigas venezolanas y el dominicano José Manuel López, actual presidente de la asociación de Bancos Dominicanos, asistimos a una exposición de tarjetas dibujadas por niños de diferentes países y continentes. Comentábamos que los niños orientales eran los que sabían ver, los nuestros miraban, no veían. Los detalles de las mariposas de los chinos, eran resaltantes, los latinos en general eran simples, no detallaban nada.
Grave problema tienen a los que el mundo les está pasando por arriba. Y es que nuestra memoria, nuestra mente, nuestro cerebro, recuerda más aquello que vimos.
Recuerdo haber leído alguna vez que el 40% de lo que recordamos es lo que vemos, el 20% lo que escuchamos y el 5% lo que hemos leído.
¿Cómo es posible que caminemos en otras culturas y razas distintas sin darnos cuenta del aporte valioso que nos pueden dar?
Los que caminamos por el mundo teniendo el don de la vista, tenemos que hacer el uso adecuado de la misma. Porque son pocos en el mundo los que ven, porque por costumbre todo el mundo mira. Si nos preguntan por un familiar querido, lo primero que nos viene a la mente es su imagen.
Asociamos la música en nuestra memoria por momentos acaecidos. Hay melodías que nos producen tristezas o alegrías, porque nos recuerdan momentos pasados. Nadie, ni siquiera Einstein (que fue un genio), absorbió el 100% de lo que vio, leyó o escuchó.
Quise hoy hacer una parada. En cosas que todos deberíamos ver y la colectividad tan solo mira.
