Es posible que las crónicas registren un personaje histórico con una vida igual a la anegada existencia sobrellevada por Juan Pablo Duarte, pero no superior: dedica su juventud, con evidente peligro de su vida, a fundar la sociedad secreta, organizadora y ejecutora del estallido revolucionario propulsor de la independencia; aporta los recursos para financiar las actividades patrióticas, llevando al cierre de los negocios de su padre por agotamiento del capital; desprendimiento responsable de sumir a la familia en año de 1876, lejos de su lar querido: y para ganarse la subsistencia anda de pueblo en pueblo, de casa en casa, en el departamento de Apure, o sea, en los confines de la patria bolivariana, vendiendo como buhonero, lamparitas y cirios.»
En las páginas 213 y 214 de este libro aparecen estas líneas, que reproducimos en estos momentos en que voltean el rostro hacia su rostro.
En el bregar de la edición de Verdades históricas, en un momento le digo: José Rafael, si usted se hubiese dedicado a la literatura, en lugar de hacer dinero, que no es nada malo, hoy fuera una realidad literaria a la que habría que acudir con frecuencia.
Y él, con rapidez me dice: No, José, fue la política, le dediqué demasiado tiempo. Compartir el tiempo en esas dos labores es bien difícil, una se traga a la otra, o la merma y, generalmente, es la política la que engulle.
Y porqué la pregunta: acontece que José Rafael Abinader posee, aún, condiciones para enfrascarse en la creación literaria, cuales: una fuerte formación academia primaria, lecturas acumuladas de clásicos y clásicos modernos, un dominio de los instrumentos básicos y primarios del lenguaje: léxico, ortografía, sintaxis, que provienen de la otrora enseñanza del español, del ejercicio mismo de la escritura y, sobre todo, y aquí radica el mayor peso de de estas condiciones, una conciencia, natural o aprehendida, pero que prevalece, del sentido profundo de la creación: la modificación siempre del instrumento expresivo en procura de la creación, conciencia del acto creativo, única forma de alcanzar un pulso que distinga y fije.
Y esta conciencia, plena, del que el arte y tratase del género que sea, se afinca y afirma en la forma es lo que distingue. En estas breves líneas nos detenemos en este aspecto de este libro y su autor.
Lo modificación del instrumento, del lenguaje, opera en todos sus componentes: en lo fonético, en lo morfológico, en lo sintáctico, en lo semántico, y más.
Huir del lugar común, tanto en la forma y como en el contenido, y este libro es conciencia y práctica: su atributo más esencial, porque sencillamente, en su integridad, se centra en descubrir lo que yace debajo en lo amarillo de los folios, en las sinuosas líneas de los textos que fijaron verdades que voces llevaron y llevan de un lado a otro imponiéndose con verdad de plomo bajo el imperio, muchas veces de los intereses de grupos e individuos que tuvieron el poder para fijarlas. Y verdades que, por menor esfuerzo, se aceptan como tales.
En este sentido, la inconformidad con lo prefijado, conduce al autor a adoptar una actitud de franca rebeldía y se lanza a quitar capas que esconden las verdaderas razones de hechos y conductas.
La temática de Verdades históricas es amplia de tiempo y espacio. Se mueve desde lo muy antiguo y lo muy de hoy y se proyecta en lo presentido. Y cubre desde el mundo oriental hasta el Caribe que tocamos diariamente. Y moviéndose en ese amplio espacio -tiempo que es el mundo y la historia alcanza una buena cantidad de acontecimientos mundiales.
Y con un escalpelo va quitando cáscaras a eventos ya serenos, dados por definitivos, y en ese remover, en ese curcuteo surgen y saltas otras verdades, y con ellas construye un tramado en el que los conflictos, que dieron sustentos, a los hechos, se muestran múltiples y diversos, tal como corresponde al ejercicio individual, y al colectivo.
El comercio, de la clase inferior griega, produce el cambio social, político e histórico. La inmensidad territorial de China opera, históricamente, como elemento que impide la cohesión de los gobiernos y, por tanto, de su mismo desarrollo. La naturaleza humana, individual, de un hombre o mujer, por ejemplo, Catalina, en Rusia, determina la suerte y el rumbo de un imperio. Una razón personal signa la suerte de millones de seres humanos.
La situación política interna de España _marcada por la división y el enfrentamiento-constituyó la verdadera causa de la invasión árabe. Una enfermedad, una peste que mata a más de veinticinco mil soldados cambia radicalmente los planes y la suerte Barbaroja.
El dinero determina el rumbo del país, Los intereses personales constituyen fuerzas políticas decisivas, caso en Suiza. En nuestro país, un matrimonio arreglado, a conciencia, se convierte en fuerza política que condiciona la historia.
El azar cambia rumbo, fija suerte, configura destino de persona y países. La razón que impulsó la independencia de los Estados Unidos de América no residía, únicamente en cuestiones económicas: el impuesto al té, sino más bien, es el resultado de la asunción de sus líderes de las ideas humanísticas que se sucedían en el mundo. Y sí los eventos van adquirieron otra morfología histórica, muestran otras verdades.
Cierro esta nota con las palabras que escribí para su primera edición: hay en este libro verdadera altura de juicios, atrevidos y valientes descubrimientos históricos.

