Las razones que ahora esgrime el Ministerio de Salud Pública para permitir el ejercicio de la medicina al cirujano Edgar Contreras evidencian el abuso en que se incurrió contra un profesional, a quien además de suspenderle el exequátur le cerraron su clínica. Airoso de todas las investigaciones de que no hubo mala práctica en la muerte de una paciente, Contreras recurrió a los tribunales dado que Salud Pública no acababa de reconocer su inocencia.
Fue precisamente en esas gestiones que se amparó la titular de la cartera para justificar la demora para no restituir su a exequátur a Contreras.
Para sorpresa, la consultoría jurídica de Salud Pública aduce que se decidió levantarle la suspensión después de revisar su expediente y comprobarse que no fue por responsabilidad suya que el 23 de abril de este año murió en su establecimiento una paciente que se practicaba una cirugía estética. Antes que se averiguara bien la defunción de Charilene Cedeño, una estadounidense de 23 años, la Fiscalía del Distrito Nacional clausuró el centro.

